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Luis Giusti

Burocracia y negocios

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No obstante haber transcurrido tres décadas de esfuerzos de venta de empresas estatales (EE) y de un consenso general de que el sector privado se desempeña mejor que los gobiernos en una gran cantidad de actividades, en los países en desarrollo las EE actualmente representan casi la misma proporción que hace 40 años.

El tamaño del sector de EE solamente se ha reducido significativamente en las economías ex socialistas y en un pequeño número de países con economías de mediano tamaño. En la mayoría de los países en desarrollo, especialmente en los más pobres, los burócratas manejan una proporción de la economía mayor que nunca.

En general las EE son ineficientes y tienden a generar déficits que entorpecen el crecimiento económico, haciendo más difícil superar la pobreza. Exigirles a burócratas que manejen negocios que son mejor manejados por empresas privadas, impone una pesada carga sobre las burocracias de las economías en desarrollo, desviando su atención de asuntos y problemas que solamente los gobiernos pueden atender.

En general los burócratas se desempeñan pobremente en los negocios, no necesariamente por ser incompetentes, sino porque constantemente enfrentan metas contradictorias e incentivos perversos que pueden desanimar y distraer hasta a los empleados públicos más capaces y dedicados.

El problema no es la gente sino el sistema, no los burócratas per se, sino las situaciones que deben enfrentar en los negocios. En muchas economías en desarrollo las EE absorben grandes cantidades de fondos que podrían ser mejor gastados en servicios sociales básicos.

Frecuentemente las EE captan una cantidad desproporcionada del crédito, restándole oportunidades al sector privado. Las fábricas estatales con frecuencia tienden a contaminar más que las fábricas privadas, en parte por la tolerancia del gobierno.

A pesar de que pequeñas mejoras en las EE pueden reducir sustancialmente o eliminar el déficit, ese no es generalmente el caso en países en desarrollo. La gerencia de las EE usualmente enfrenta metas divergentes con las del gobierno (accionista).

Un buen ejemplo de esas divergencias está en el caso de las empresas petroleras nacionales. Los gerentes quieren aumentar producción, expandir el mercado, aumentar la eficiencia, aplicar las mejores tecnologías, reclutar y entrenar la mejor gente, y aumentar el valor de la compañía.

Por su parte, el gobierno quiere mayores ingresos fiscales, mayores ingresos de divisas, y utilizar a la empresa como palanca social y política. Existen dos maneras de enfrentar el problema de las EE. Reformarlas o privatizarlas.

A lo largo de décadas el progreso en ambos frentes ha sido entre modesto y pobre. En cuanto a privatización, no obstante la venta de muchas grandes empresas, la fracción de EE en países en desarrollo ha permanecido alta desde los años ochenta en 10% del PIB, a pesar de haber disminuido en países industriales de 10% a 5% del PIB.

El sector de EE es mayor y los problemas asociados a él son más severos en las economías más pobres del mundo, donde las EE representan más de 14% del PIB. En cuanto a la segunda opción, muy pocos países han podido reformar sus EE con éxito. Se puede lograr, pero la capacidad de mejoramiento continuo tiende a ser limitada.

Sin embargo, un informe del Banco Mundial presenta puntos clave a considerar para tener éxito en la reforma de EE. Vender porciones no esenciales, introducir mayor competencia, liberalizar el mercadeo, reducir restricciones de entrada y desagregar las grandes empresas.

Endurecer el control presupuestario, reducir o eliminar subsidios, facilitar el acceso a crédito sobre bases comerciales, mejorar la regulación de precios y reducir o eliminar subsidios ocultos. Reformar el sector financiero, fortalecer la supervisión y regulación, relajar el control sobre tasas de interés y reducir el crédito direccionado.

Además, relajar restricciones de entrada al mercado. Los reformadores exitosos trataron de mejorar el sistema de incentivos cambiando la relación entre los gerentes de las EE y el gobierno. Los países exitosos introdujeron nuevas entidades de supervisión, aumentaron la autonomía gerencial y firmaron acuerdos de desempeño.

Una consideración final de importancia se refiere a las tres condiciones principales para la reforma exitosa de EE. Se trata de voluntad política, deseabilidad política y credibilidad.