• Caracas (Venezuela)

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Pedro Llorens

Bravucones, fanfarrones y perdonavidas

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Cuando a Nicolás Maduro lo encargaron de convenir con la oposición medidas humanitarias a favor de ciudadanos presos por razones políticas se presentaba como una especie de Platero, el burrito (nada personal) de Juan Ramón Jiménez: “Tan blando por fuera que se diría todo de algodón”… y si alguien lo duda, pregúntenle al diputado Edgard Zambrano, quien durante semanas anduvo como el conejo de la canción, dando de saltos en una patita, tras las promesas de una inminente medida de libertad condicional a favor de los condenados por el caso de Puente Llaguno (a los pistoleros chavistas se les levantó un monumento).

¡Quién lo ha visto y quién lo ve!... consustanciado con la fiscal Luisa Ortega Díaz, especie de Javert de Los miserables, que fue la acusadora de los comisarios Henry Vivas y Lázaro Forero y ahora pretende regresarlos a prisión antes de que se hayan curado… Y es que la línea bajada (subida, emanada, impuesta) desde Cuba no deja duda del endurecimiento decidido por el tutor Raúl Modesto Castro Ruz: “El Gobierno bolivariano está enfrentando una permanente campaña de intriga y descrédito por parte del imperio y de la oligarquía golpista” (discurso en la reunión de la Celac con la Unión Europea en Chile).

A Nicolás Maduro y a Diosdado Cabello no les cuesta mucho apegarse al guión que tan buenos resultados le dio a Fidel y a su Revolución cubana (in illo tempore), pues la farsa conspirativa y la parodia de gobierno que hizo Hugo Chávez y ellos intentan mantener les dio la experiencia necesaria para mentir sin rubor, dialogar con mudos, copiar firmas, inventar proclamas (mensajes y hasta condolencias) y fabricar patrañas, conspiraciones, preparativos golpistas y, por si fuera poco, planes para un vicemagnicidio, que de haberse concretado hubiera justificado recordar la famosa frase de uno de los “dorados” de Pancho Villa: “¡Cadáver el de mi general, éste es un pinche muerto!”… Y todo por cadenas de radio y TV terriblemente solemnes (los juramentos fascistas ante la estatua de Antonio José de Sucre en Cumaná) o exageradamente ridículas, con el primero a bordo encargado interpretando a Quico (El Chavo del Ocho): “¡Majunche!... ¡Majunche!... ¡Majunche!”.

El consuelo que nos queda es que los Castro, Fidel y Raúl (hermano cernícalo y abrutado) intentaron regentar a los sandinistas, a Salvador Allende, a las FARC, a la guerrilla venezolana (Ernesto Guevara al frente), a grupos insurgentes de Uruguay, Paraguay, Argentina y Bolivia y, en todas partes, fracasaron.