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Emilio Nouel V.

Brasil: José Serra no quiere un “país cucaracha”

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¿Qué podemos esperar del gobierno de Michel Temer y su canciller José Serra en punto a las relaciones políticas del hemisferio?

¿Qué posición asumirá respecto de los asuntos económicos internacionales, como por ejemplo, Mercosur, bloque en la actualidad ralentizado y con problemas de adecuación a las nuevas realidades del intercambio mercantil internacional?

¿Qué pasará con el Foro de Sao Paulo?

Estas son interrogantes que debemos hacernos en esta hora de declive acelerado de un movimiento político que pretendió hegemonizar la región con sus políticas inspiradas en una ideología trasnochada de izquierda marxistoide mezclada con populismo.

A pesar de que Brasil ha adelantado siempre una política de Estado en materia internacional, más allá de los perfiles específicos de las figuras políticas que encabezan sus gobiernos y ministros de relaciones exteriores, éstos imprimen su huella, matizan u orientan la conducta del gobierno de cara a actores y/o temas mundiales, sobre los que se ponen mayores énfasis, obviamente, sin desnaturalizar las líneas centrales de aquella orientación básica.

En los últimos años, en el gobierno de Lula Da Silva, concretamente, hubo cambios en la conducción de Itamaraty. Un sesgo marcadamente ideológico se pudo observar durante ese período, que quebrantó el prestigio de esa institución diplomática. El papel jugado por asesores como Marco Aurelio García, no puede ser desdeñado en tal sentido. Fungió de “canciller” en las sombras y para el fortalecimiento de los planes del Foro de Sao Paulo, movimiento que el PT propulsó y que aglutinó todos los movimientos radicales de izquierda de la región, incluso las FARC. Su objetivo inicial era “debatir sobre el escenario internacional después de la caída del Muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”.

Este Foro sirvió de escenario para uniformar ópticas sobre diversos asuntos y también para la coordinación política de sus miembros. En su mejor momento, partidos miembros de este Foro gobernaban en Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador, Uruguay, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela. 

El Secretario General de esta organización, el brasileño Valter Pomar, reconoció en una de sus reuniones (Managua), que el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 catapultó el potencial del Foro, y señaló que éste ha tenido dos grandes momentos históricos: el primero fue el inicio de la “resistencia en contra del neoliberalismo” y el segundo, la elección de Hugo Chávez. A las reuniones del Foro asisten delegaciones de China y Vietnam.

Este movimiento buscaba articular “las diversidades revolucionarias desde una estrategia común capaz de enfrentar y derrotar la estrategia imperialista y emancipar definitivamente a nuestra América”.

¿Qué hará al respecto Temer? Si nos guiamos por lo que dicho en cierta ocasión por José Serra, pareciera que el Foro no seguirá teniendo en Brasil su punto de apoyo principal. Para él su país “no debería estar allí, porque no es un país cucaracha”. Sobran entonces los comentarios.

Respecto de Mercosur, que al igual que Unasur, también fue manipulado por el Foro, y de hecho, influyó en sus orientaciones, perjudicando sus fines y propósitos originales, si nos atenemos a declaraciones recientes de Serra, apunta hacia otros derroteros. Las rigideces que paralizan a ese bloque pareciera que llegan a su fin, y se impondría un remozamiento del régimen. La apertura es la consigna, lo cual comparten los demás gobiernos mercosurianos. La orientación será, de hecho, distinta, Mercosur se estaría proyectando hacia otros bloques.

Serra afirmó terminante, durante la ceremonia de toma de posesión de su cargo, “la diplomacia volverá a reflejar de modo transparente e intransigente los legítimos valores de la sociedad brasileña o los intereses de su economía, no las conveniencias y preferencias ideológicas de un partido político o de sus aliados en el exterior”.

Por otro lado, expresó: “Estaremos atentos a la defensa de la democracia, de las libertades y los DDHH en cualquier país, en cualquier régimen político, en consonancia con las obligaciones asumidas en tratados internacionales…”.

Nuevos y prometedores vientos soplan para la diplomacia continental. Con un Brasil deslastrado del yugo ideológico populista y volcado al pragmatismo, sin olvidar el tema de la promoción de la democracia y los derechos humanos, se inicia una nueva época en las relaciones internacionales del hemisferio.