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Manuel Aguilera

Bombas “made in Spain”

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“No echar más leña al fuego”. Así justificaba el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, la decisión del gobierno de España de suspender indefinidamente la exportación de material antidisturbios a Venezuela. Para desgracia de los españoles que estamos denunciando la situación de represión que está generando el puño de hierro de Nicolás Maduro, nuestro país es uno de los mayores proveedores de este tipo de armamento con el que se esta masacrando a los estudiantes en Caracas y otros puntos de la nación sudamericana. 

Aunque pudo ser un error protocolario y de imagen, soy de los que se sintió orgulloso cuando el rey Juan Carlos mandó callar al incontinente Hugo Chávez mientras profería en cascada una sucesión de insultos contra el ex presidente del gobierno José María Aznar. Primero el rey y después José Luis Rodríguez Zapatero defendieron el honor del que fue presidente del Gobierno de España. 

En momentos así, uno sabe dónde está ubicado. A un lado, los demócratas, a derecha o izquierda, los que respetan la democracia, la libertad y los derechos humanos. En frente, los bravucones, los golpistas de corazón, aquellos que se sirven del pueblo y los derechos que les otorgan los sistemas democráticos para construir soterradamente su poder absoluto. 

Dentro de ese poder absoluto, la represión y la persecución/eliminación del adversario es la garantía de la permanencia. Cuando te enteras que, como publicaba Jaime López este sábado en las páginas de DIARIO LAS AMÉRICAS, una empresa española, propiedad de la familia de un ex diputado del Partido Popular, produce las bombas lacrimógenas con las que se reprime a la población desarmada que ejerce su derecho a protestar, la ubicación de la que antes hablaba se torna en una desasosegante sorpresa. 
Cuenta López en su revelador reportaje que la española Falken trabaja en conjunto con la empresa estatal Compañía Venezolana de Industrias Militares. Falken España, que es propiedad de la familia del ex diputado del PP Ismael Bardisa Jorda, está inscrita en la Asociación de empresas españolas que operan en Venezuela (Cavespa), y formó en 2009 una empresa conjunta con Cavim para producir bombas lacrimógenas para las fuerzas de seguridad. Falken opera en las instalaciones militares de Cavim en la ciudad de Maracay (estado de Aragua), y según su página web, se dedica a la producción de “productos de artificios”, principalmente productos químicos y compuestos para las bombas lacrimógenas gracias a una planta química. 

A diferencia del ministro Margallo, me gustaría echar más leña al fuego. En este caso al fuego de mi país para que se investigue y regule hasta la extenuación a las compañías como Falken. Me pregunto qué tal duerme el señor Bardisa, mientras la empresa de sus familiares alimenta la represión de que quien en teoría debería ser su enemigo ideológico, Nicolás Maduro, y convierte en humo tóxico la esperanza de los venezolanos de bien. ¿Qué espera el Partido Popular para expulsar de sus filas al tal Ismael Bardisa?

@MACguilera