• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Pedro Llorens

Bolivarianismo: morbo de derechas

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La evidente falta de partes médicos confiables sobre la gravedad, agonía dicen algunos, de Corazón de Mi Patria, puede permitir a cualquiera (a mí mismo) terciar en el torrente especulativo y afirmar que está enfermo de bolivarianismo, un morbo más de derechas que de izquierdas… sin que ello le otorgue derecho de ingresar al exclusivo club del que formaron parte el historiador Vicente Lecuna y otros ilustres venezolanos estudiosos (custodios) de la obra de Bolívar, y también conservadores colombianos con el ex presidente Mariano Ospina Pérez a la cabeza.

Los primeros síntomas alarmantes de enfermedad bolivariana (el juramento bajo el samán de Güere y otros delirios) no fueron creídos y hasta llegaron a ser tomados a broma por gente que no lo conocía aún como atronado: el sillón vacío para el Libertador en actos políticos y en reuniones de Consejo de Ministros encendió las sospechas.

Luego vinieron la apropiación de la espada que le dieron a Bolívar en Perú en 1824 (durante su despedida, el 8 de diciembre, la sacó para retratarse con ella en el sillón presidencial y jurar junto con Maduro)… el estupefactivo montaje mediático durante el insólito acto de la exhumación de los restos del padre de la patria: “Sentí un rayo al verlo arropado como un niño y provocaba cargarlo pero por respeto no lo toqué”, dijo... y el empeño en hacerlo mestizo como él, hasta lograr que hicieran un retrato del prócer en el que parece un disfraz de Carnaval de pueblo.

El profesor Miguel Ángel Perera, ex director del Instituto Caribe de Antropología y Sociología de la Fundación La Salle, afirma en un ameno y bien documentado libro Venezuela ¿nación o tribu?, la herencia de Chávez, editado por UCV, que la verdadera razón de aquel acto necrófilo “sería oficiar el rito que le permitiría tener contacto con los restos del hombre que inspira sus acciones para posesionarse de su fuerza vital y, por qué no, garantizar su permanencia en el poder”.      

Perera cita creencias en las que el final de la muerte sobreviene sólo cuando el esqueleto ha desaparecido por completo, los huesos blancos y duros simbolizan la pureza recuperada y el culto a estas reliquias, particularmente cráneos y en menor medida las tibias (también objetos, en especial armas) fungen como apoyo para provocar una presencia del difunto con todo su poder que permita absorberlo.

El delirio de Corazón de Mi Patria ha sido contagiado a unos paleros de la política, que compiten por sus despojos aun estando en vida: ¡Yo soy Chávez! es la consigna.