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Elías Pino Iturrieta

Bolívar y el León de Caracas

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La historia es una fuente en la que deberíamos beber todos para no cometer tonterías, si creemos que mirar los anales del pasado tiene efectos pedagógicos. La historia sirve o debería servir para combatir la amnesia individual y colectiva, aseguran los metodólogos, tal vez con más entusiasmo que fundamento; mas, hace que uno, cuando la maneja ante los interlocutores, se exhiba como poseedor de un tipo de conocimientos llamado cultura general. Para algo sirve, pues. No es una cháchara de viejas, pero también se puede convertir en cuchilla letal, aun cuando se dirija hacia objetos que parecen triviales. Vayan estas letras como acreditación del asunto que se tratará de seguidas, aparentemente superfluo pero más intrincado de lo que a primera vista parece.

El presidente del Concejo Municipal de Libertador, capitán Eliécer Otaiza, se ha apresurado a adelantar una ejecutoria que incumbe a todos los caraqueños, pero también a la parentela de un héroe a quien consideramos como Padre de la Patria y Libertador. En reciente entrevista, un periodista de El Universal preguntó sobre el cambio de los íconos de la institución que preside, y el capitán respondió así: “Sí. Quitar desde el punto de vista iconográfico el León de Caracas es una ordenanza que estamos a punto de sacar con una moción de emergencia. Vamos a crear una nueva iconografía, pues no somos España”.

No somos España, obviamente, hace tiempo que resolvimos ese problema que los historiadores llamamos pomposamente “pacto colonial”, pero antes de llevar a cabo su revolución iconográfica el proponente debe informarse sobre la bestia que quiere expulsar del escudo municipal. Antes de promover la “moción de emergencia”, quizá porque la medida no sea tan urgente como él sugiere, tal vez porque no creemos que se vaya a acabar el municipio si detiene un poco el acelerador, se debe enterar del origen de la fiera melenuda que tanto le incomoda. Ese atroz e imperial animal que produce la perturbación del capitán Otaiza, hasta el punto de llevarlo a descubrir situaciones parecidas a una calamidad, se registra en la memoria de la ciudad desde 1592 gracias a gestiones realizadas ante la Corte de Madrid por un caballero llamado Simón de Bolívar.

Ese Simón de Bolívar fue el quinto abuelo paterno del Libertador, y el primero de su estirpe que se radicó en América. Caracas fue más española que nunca debido a su trabajo de poblador-fundador. Gracias a su interés como regidor de primer voto en la cámara, el cabildo se ocupó de mejorar el cobro de los impuestos correspondientes a la Corona y de que el trazo de la población calcara el de las ciudades peninsulares. Además, se ocupó personalmente de adquirir licencia para que se estableciera una gran institución de enseñanza como las que la Iglesia tenía en Madrid, raíz del futuro Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima. Los méritos hicieron que ocupara después las funciones de procurador general, cargo desde el cual obtuvo del rey y trajo en su equipaje el escudo de armas de la ciudad de Santiago de León que ahora quiere modificar el presidente del Concejo Municipal de Libertador porque “no somos España”. Al hijo de ese remoto don Simón, llamado Simón Bolívar “el Mozo”, se otorgaron más tarde honores especiales por ser descendiente del servidor público que había establecido elementos fundamentales de identidad para la ciudad.

Aparte de las consideraciones relacionadas con la historia, cae como avalancha sobre el tema una observación de naturaleza política. El gobierno se ha proclamado bolivariano desde cuando tomó el poder, y ahora uno de sus portavoces se muestra públicamente como antibolivariano. No ataca la figura ni las ideas del héroe a quien el régimen ha presentado como ejemplo e inspiración, pero se mete con la sagrada familia. Se sale del guión de manera estrepitosa cuando quiere enmendarle la plana al primer ascendiente del héroe que habitó entre nosotros. Así las cosas, no conviene preguntarse si Venezuela es de veras Venezuela a estas alturas del almanaque republicano, sino qué pensaría el Gigante de la “revolución bolivariana” ante una decisión que atenta contra los ancestros del Libertador de una comarca que ya no es España, pero que tiene un pasado digno de respeto.