• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Antonio López Ortega

Bienal Vargas Llosa

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Entre el 24 y el 27 de marzo, en Lima, se celebra la Bienal Vargas Llosa. Se trata de un premio a la mejor novela publicada en castellano cada dos años. El anuncio de este nuevo certamen se hizo en noviembre del año pasado, en la Feria de Guadalajara, por intermedio del novelista J. J. Armas Marcelo, director de la Cátedra Vargas Llosa, institución que anima junto a otras la constitución de un nuevo espacio de reflexión y reconocimiento. Dos novelistas españoles –Rafael Chirbes y Juan Bonilla– y un colombiano –Juan Gabriel Vásquez– se disputan el premio, cuyo fallo definitivo, en manos de un jurado de cinco miembros, se anunciará el jueves 27. Adicionalmente, en los tres días previos al acto de premiación, los organizadores han convocado a unos treinta escritores iberoamericanos para debatir sobre la salud o el futuro de la novela escrita en castellano, un foro más que propicio para que todo no se resuma a simples laureles.

Hay que ser ciego para no advertir que este premio viene a hacerle sombra o, quizás, a superar meridianamente, al Premio Rómulo Gallegos, cuya promulgación es de 1967. Durante varios lustros, el Rómulo Gallegos fue el faro que iluminó las sendas que tomaba la creación novelística del orbe hispánico, pero así como tuvo su Edad de Oro, con algunos tropiezos, en los últimos años el premio se ha desdibujado, al punto de desinteresar a muchos autores por no sentirlo como fiel reflejo de lo que era. Las intromisiones políticas en un premio que se promulgaba por y para la creación literaria han sido dardos mortales en el cuerpo de un espacio que quiso honrar la memoria y vocación de don Rómulo Gallegos.

El viejo y el nuevo premio tienen las siguientes similitudes: se otorga a novela publicada; se convoca bianualmente; se otorgan 100.000 dólares al ganador. Las diferencias podrían estar en el jurado: los 5 miembros que originalmente tuvo el Rómulo Gallegos, y que luego redujo a 3, son los mismos 5 miembros que el Vargas Llosa ha estimado pertinente convocar, quizás para lograr más equilibrio y también mayor consenso, pues en concursos tan disputados y con tan altos niveles de calidad 10 ojos hacen más que 6.

Es un acierto que, como preámbulo del premio, se fomente una reflexión sobre el estado de la novela en el continente verbal, aunque sea para determinar su buena salud, pues son muchos los desafíos que hoy pululan alrededor de la escritura novelística. ¿Nos dirigimos a un mundo de más o menos lectores? ¿Las premisas de la creación se mantienen o mutan? ¿La novela es un género puro o mestizo? ¿Los paradigmas tecnológicos cambiarán la forma de escribir novelas? ¿La novela puede beber de las fuentes de la historia o la política? ¿La autoficción es una nueva forma de escribir novelas? Algunas de estas preguntas encenderán el debate en Lima y propiciarán las mejores respuestas del momento.

Cuando el Rómulo Gallegos se constituyó en Venezuela, en 1967, Gallegos tenía 85 años. Para esa ocasión, un viejo Gallegos le entregó ese primer premio al joven novelista Mario Vargas Llosa, con apenas 31 años de edad. Han pasado 47 años, casi medio siglo, para que el joven Vargas Llosa, hoy premio Nobel, impulse desde la cátedra que lleva su nombre un premio que en espíritu y alcance quiere emular los fundamentos del que él recibió y lo consagró como novelista universal. No deja de haber en el hecho un gesto simbólico: el fuero de la novela que Vargas Llosa recibió de Gallegos, testigo inicial, ahora es devuelto por Vargas Llosa a los futuros testigos que asegurarán la salud del género en nuestro continente verbal.