• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Humberto Márquez

Bicentenario desperdiciado

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La oportunidad de dar un nuevo paso para la reconciliación de los venezolanos se perdió este febrero con el desperdicio, rotundo y teñido de sangre por añadidura, del bicentenario de la batalla de La Victoria, episodio de la guerra de independencia que se conmemora como Día de la Juventud.

Pudo ser la ocasión para aupar y movilizar el talento de decenas, de centenares de miles de jóvenes. Por ejemplo, 335 concursos de propuestas de jóvenes y de organizaciones juveniles para mejorar los municipios, para desarrollos económicos en los 24 estados, para mejorar el ambiente y el urbanismo de las 50 principales ciudades de Venezuela.

Se pudieron promover en todos los estados y, ¿por qué no?, en todos los municipios, en liceos y universidades, festivales de literatura, artes e historia; concursos de investigación; ferias para exponer inventos, creaciones, productos, proyectos; torneos deportivos, conciertos… ¿no hay medio millón de jóvenes y niños encuadrados en el Sistema de Orquestas y Coros Juveniles?

Se pudieron organizar reuniones internacionales tanto de organizaciones juveniles como de estudiosos de los grandes temas en la agenda de la juventud del mundo, desde su opresión por rémoras sociales en países del Sur en desarrollo hasta el desempleo que los asfixia en el Norte industrializado.

En vez de logros de ese tipo, y en medio de las dificultades de la población para abastecerse de bienes esenciales, llegaron manifestaciones de protesta, por razones tan elementales como demanda de seguridad de los jóvenes universitarios para que el crimen no les arrebate la vida ni la posibilidad de emplearla en sus estudios, en su labor, en sus diversiones y sus amores.

Sobre el descontento de unos jóvenes a quienes la inseguridad ni siquiera les permite salir tranquilamente a una fiesta cualquier viernes, sectores de la oposición dejaron caer su propuesta de ir a la manifestación callejera. El resto de lo que pasó es de sobra conocido en el país este agitado febrero.

En el Táchira, que como frontera padece con mayor rigor las dificultades de toda Venezuela, las manifestaciones trajeron la detención y procesamiento judicial de tres jóvenes. El poder público, cualesquiera sean sus razones, en vez de liberarlos en señal de concordia, optó por el rigor y envió los muchachos a la lejana cárcel de Coro. Ahí hubo hasta desdén, o ignorancia, del sentimiento regionalista que anida con mucha fuerza en el corazón de los y las tachirenses. Sintieron como un bofetón que encarcelasen a los jóvenes a tan gran distancia del terruño.

Las manifestaciones en el suroeste andino dieron paso a las protestas que se desbordaron en toda Venezuela precisamente el Día de la Juventud. Los registros de violencia, las inculpaciones entre bandos, los discursos y sistemas de ecuaciones políticas que se elaboran para tratar de establecer quién gana y quién pierde con lo ocurrido, son conocidos, dan para todos los gustos. 

Pero lo cierto es que el bicentenario de la batalla se convirtió en una nueva batalla. Como pulseada, hecho de fuerza al fin y al cabo, dejará en quienes deban cargar la derrota el amargo resentimiento que alienta la actitud de caza ante una nueva oportunidad para embestir. Y quienes se asuman como ganadores encontrarán que, aun poseyendo un triunfo, este es mucho menor y una pérdida, una oportunidad que se dejó pasar para impulsar un mejor país con la fuerza y el envión de sus jóvenes.