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Daniel Samper Pizano

Banquete de ricos y sopita de pobres

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No podía ser mayor el contraste entre dos reuniones que tuvieron lugar en la misma semana pasada: la de los ricos, en Davos (Suiza), y la de los pobres, en Cuba. Aquella correspondía al Foro Económico Mundial, donde cada año se reúnen los países desarrollados, exhiben su economía y miden a ver quién la tiene más grande. Asisten también las naciones atrasadas a hacer aspavientos de sus pequeños progresos, pedir ayuda para su economía y presumir de que no la tienen tan chiquita.

La de Cuba reunía a los cancilleres de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y versaba sobre la pobreza. Allí vimos a un Fidel Castro ochentón con las presidentas Dilma Rousseff, de Brasil, país que registra un parón en el crecimiento; y Cristina Fernández, de Argentina, donde el peso acaba de darse un cuerazo monumental.

La diferencia de ambiente y propósito marcaba un triste contraste. El impúdico banquete de Davos celebraba el poderío y la riqueza, mientras que la sopita de Celac se preguntó qué podemos hacer latinoamericanos y caribeños para unirnos y salir de la pobreza. El presidente colombiano hizo un curioso periplo. Se mostró dichoso de lograr buena nota en Davos, lo cual no significa que haya avanzado la lucha contra la pobreza, sino que los grandes capitalistas internacionales aprobaron las condiciones para invertir y ganar plata en el país. “Los mercados nos dieron un gran respaldo”, proclamaba feliz. Después de rezar ante la rodilla rota de Falcao García, el Presidente aterrizó en La Habana y allí –informa El Tiempo– “discutió con los líderes de América Latina cómo enfrentar las desigualdades sociales”. Es decir, la carroza de Davos se había vuelto otra vez calabaza.

Para ser consecuente, la feria de magnates de Suiza debería estar dedicada al mismo tema: cómo enfrentar las desigualdades sociales. En noviembre pasado el Foro Mundial pronosticó que la distancia entre los pocos ricos y los muchos pobres del mundo seguirá aumentando en 2014 y se convertirá en bomba a punto de estallar. El documento señala que “la desigualdad afecta la estabilidad social en el seno de los países y supone una amenaza para la seguridad en el ámbito mundial”. En los últimos días han criticado las desigualdades Barack Obama en Washington y Felipe González en Cartagena. “La creciente desigualdad y la movilidad social en baja amenazan el ‘sueño americano”, dijo Obama. “La democracia de la desigualdad no es sostenible”, sostuvo el ex presidente español en el Festival Hay.

El consorcio de ONG Oxfam acaba de publicar un documento que debería avergonzar a quienes se dan ínfulas en Davos. Según este, “la extrema concentración de riqueza que vivimos en la actualidad amenaza con impedir que millones de personas puedan materializar los frutos de su talento y esfuerzo”. Las cifras respaldan tal afirmación:

* Casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de sólo 1% de la población.

* La riqueza de ese uno por ciento asciende a 110 billones de dólares, cifra 65 veces mayor que el total de la riqueza que posee la mitad más pobre de la población mundial.

* La mitad más pobre de la población mundial posee la misma riqueza que las 85 personas más ricas del planeta.

* Siete de cada diez personas viven en países donde la desigualdad económica ha aumentado en los últimos 30 años.

El Banco Mundial completó tan indignante paisaje con otros números. Por ejemplo, un congoleño gana al año 231 dólares y un habitante de Mónaco, 171.465. El promedio de ingreso anual en Estados Unidos es de 48.112 y en China, de 5.445.

La diferencia asusta. Lo peor es que, según el Banco, los ricos gobiernan cada vez más, entre otras cosas porque son los que mejor se educan. Y al gobernar, favorecen sus intereses: un círculo ultravicioso. En fin, todo esto lo venían advirtiendo aquellos rebeldes melenudos de los años sesenta. Y nadie les puso bolas.


cambalachetiempo@gmail.com