• Caracas (Venezuela)

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Luis González del Castillo

Balance y perspectiva

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Luego de tres lustros de insólitos desvaríos: 1999-2014, Venezuela concluye fatigada una etapa más de su vida republicana, bajo la aleccionadora devastación de la relativamente importante institucionalidad democrática que se había logrado edificar durante los precedentes cuarenta años: 1958-1998. La misma  es digna de auscultación por una narrativa como la que conocí en El olor de la guayaba por ejemplo, del admirado compatriota de Colombia: Plinio Apuleyo Mendoza, a quien la generosidad de El Nacional me permite dedicar el presente artículo junto a la memoria de su imperecedero amigo el Gabo.

Desde que Colón trajo la civilización imperial europea, con la conquista  que se inicia en nuestro territorio venezolano a partir de 1498; al avistamiento de las tierras nororientales de Macuro, en el hoy estado Sucre, al año de 1998 son exactamente cinco siglos, que se escriben fáciles, pero son quinientos largos años de lucha entre la barbarie y el anhelo por una sociedad fraternal y democrática en América. Tan solo, como se puede resumir en un grueso balance de tal época, 8% de ese tiempo se logró el esfuerzo continuo por crear una sociedad de iguales ante la ley y de deberes y derechos proporcionales, ante un Estado democrático en construcción.

¡Apenas ayer me encontraba en la Junta Electoral Regional del Estado Aragua! como testigo principal del candidato a gobernador Carlos Tablante Hidalgo, en diciembre de 1989, cuando el general de la cuarta división de Maracay llegó y dijo en fuerte voz, algo como: “Vistos los resultados arrojados en los primeros comicios para elegir gobernadores y alcaldes de Venezuela y cumpliendo órdenes del señor presidente Carlos Andrés Pérez, vengo a felicitarle y a ponerme a sus órdenes señor gobernador electo”. Era la primera vez que una fuerza considerada “socialista” arribaba al Poder Ejecutivo, regional en este caso, por vía democrática-electoral, en Venezuela. Pertenecía yo entonces a un movimiento de independientes (Movimiento Independiente Siglo XXI), que ya desde entonces molestos por la corrupción, malas administraciones y preocupados por el destino del país, decidimos participar y asumir algunas responsabilidades ciudadanas.

Antes, en febrero del  año 1984, fue el ascenso al poder del doctor Jaime Lusinchi, el cual designó, hacia finales de ese su primer año en el poder, la Copre (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado/decreto 403 del 17 de diciembre). Dicha comisión trabajó el resto del periodo y, después de cuatro años, el 1° de noviembre de 1988 entregó, además de distintas propuestas previas en diversas materias, su informe final. De allí se labró el consenso para que durante el primer año del siguiente periodo presidencial del presidente Pérez se eligieran por vez primera gobernadores, alcaldes y legisladores: regionales y locales.

Pero el afán de lucro, que se había anidado ya como hábito en ciertas élites políticas, conspiró para saciar su continua sed de poder, descuidando el necesario apoyo político para la creación de una nueva institucionalidad democrática para la modernización del diseño y aplicación de políticas públicas eficaces. Así las políticas macroeconómicas del mundo neoliberal, aplicadas desde el petroestado instaurado hasta el presente en Venezuela, a comienzos de esos noventa, algunas incompletas, otras disparatadas socialmente, aunado a la acumulación de la problemática político-social en nuestra región, se reflejó muy directamente en Venezuela y en nuestro pueblo, dando pie a la ruptura del resto de credibilidad que existía en el pacto social democrático del país, sacrificando a uno de sus principales líderes democráticos: por una partida secreta, seguramente de dominó de conspiradores. Estos lograron lo que no pudieron dos intentos fallidos de golpes de Estado, cruentos. La historia mostró a un Carlos Andrés Pérez con claro compromiso democrático, sometiéndose a los tribunales y leyes de la república.

La transición a través del respetado historiador, Ramón J. Velásquez, y luego con la elección del presidente Caldera se pacificó el país. Esto también puede darnos un buen ejemplo de cómo se pueden encarar difíciles tiempos como los que vienen. Con él aprendimos a gobernar en la escasez de recursos materiales. Se enfrentó una gigantesca crisis financiera-bancaria, con el petróleo a menos de diez dólares promedio el barril. Con compromiso, conocimiento, creatividad y honestidad se trabajó con colaboradores: como Matos Azócar y Teodoro Petkoff, tratando de rectificar siempre para sacar nuestra Venezuela adelante en difíciles años. Si ese llamado chiripero, con el cual gobernó Caldera, fue todo el cúmulo de pequeñísimos partidos que luego a excepción de Causa R, con la candidatura del amigo Alfredo Ramos, apoyó en 1998 a Chávez, pensando en un cambio positivo para Venezuela: ¿por qué no puede ahora unirse esa coalición junto al resto del país en esta terrible situación que ha comenzado a vivir la república? No abundaré ahora en detalles económicos. Los dejo a la brillantez profesional de Pedro Palma, José Guerra o Antonio Paiva, por ejemplo. Pero debemos aprender a subrayar sí, desde la célebre frase “la economía estúpido, la economía”, que todos debemos estar pendientes de ella y que Venezuela no puede resignarse a vivir con alta inflación, sostenida hacia 2015 en niveles de 80%, con pronóstico de decrecimiento alrededor de 5% y un déficit cercano a 10% PIB. Todo lo anterior con compromisos de deudas por honrar, precios del barril petrolero y reservas en picada.           

Ahora, cuando avizoramos la llegada de una nueva etapa para Venezuela, exhortamos a todos aquellos que algunas vez tuvieron el anhelo de ver una Venezuela más justa y más humana, bajo el imperio de leyes que emanen del verdadero clamor popular por salud, alimentación, seguridad, trabajo y educación de calidad para todos, y cuyos valores morales sean robustos y a la vez flexibles pilares de libertad y justicia: a que reconozcan el error en que se ha convertido este llamado socialismo del siglo XXI, y a no esperar repetir y repetir errores, como en Cien años de soledad, distrayendo al pueblo con realismo mágico tipo la ascensión a los cielos de Remedios, como la solución a esta narrativa histórica que vivimos. Emprendamos juntos el camino de rectificación y reunificación mediante la convocatoria desde el propio Palacio de Miraflores a un gobierno de unidad nacional para salvar a Venezuela. Que se decrete la amnistía general de todos los procesados y condenados por razones políticas, al igual que la vuelta de los exiliados.

Los ejemplos de movidas audaces están a la hora del día; como ejemplo la de Santos, que se apoya tanto en Estados Unidos como en Cuba o si necesita en Venezuela, para conseguir la paz en Colombia frente a medio siglo de violencia, políticamente criminal y mediocre; o la movida de Obama convergiendo con Raúl Castro junto a la memoria de Mandela, cuando el tema del racismo pretende dar aún sus coletazos de causa moribunda en Estados Unidos que junto al tema de la desigualdad económica y la pobreza son asuntos serios a atender. Castro, que sabe que se acabó el tiempo, pues la vida pasó, y le queda la posibilidad de ser el agente de transición hacia la libertad y el progreso material de sus conciudadanos ha actuado con audacia. Esta es la hora de Maduro y de Cilia para moverse hacia la democracia De no ser así, y en el caso de no haber voluntad política manifiesta hacia tal llamado a rectificación, le pido a todo el pueblo venezolano, sin distingo de simpatías, chavistas, caprilistas o leopoldistas, a que nos unamos en la exigencia masiva de renuncia a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela de Nicolás Maduro, para dar paso hacia una transición democrática por bien de la patria.

@Gonzalezdelcas

fundacionvenezuelasigloxxi@gmail.com

Balancey perspectiva

    

LuisGonzález Del Castillo

                          

Luego de tres lustros de insólitos desvaríos:1999-2014, Venezuela concluye fatigada una etapa más de su vida republicana,bajo la aleccionadora devastación de la relativamente importanteinstitucionalidad democrática que se había logrado edificar durante losprecedentes cuarenta años: 1958-1998. La misma es digna de auscultación por una narrativa como la que conocí en El olor de la guayaba por ejemplo, deladmirado compatriota de Colombia: Plinio Apuleyo Mendoza, a quien lagenerosidad de El Nacional mepermite dedicar el presente artículo junto a la memoria de su imperecederoamigo el Gabo.

Desde que Colón trajo la civilización imperialeuropea, con la conquista  que se iniciaen nuestro territorio venezolano a partir de 1498; al avistamiento de lastierras nororientales de Macuro, en el hoy estado Sucre, al año de 1998 sonexactamente cinco siglos, que se escriben fáciles, pero son quinientos largosaños de lucha entre la barbarie y el anhelo por una sociedad fraternal ydemocrática en América. Tan solo, como se puede resumir en un grueso balance detal época, 8% de ese tiempo se logró el esfuerzo continuo por crear unasociedad de iguales ante la ley y de deberes y derechos proporcionales, ante unEstado democrático en construcción.

¡Apenas ayer me encontraba en la Junta ElectoralRegional del Estado Aragua! como testigo principal del candidato a gobernadorCarlos Tablante Hidalgo, en diciembre de 1989, cuando el general de la cuarta divisiónde Maracay llegó y dijo en fuerte voz, algo como: “Vistos los resultadosarrojados en los primeros comicios para elegir gobernadores y alcaldes deVenezuela y cumpliendo órdenes del señor presidente Carlos Andrés Pérez, vengoa felicitarle y a ponerme a sus órdenes señor gobernador electo”. Era laprimera vez que una fuerza considerada “socialista” arribaba al Poder Ejecutivo,regional en este caso, por vía democrática-electoral, en Venezuela. Pertenecíayo entonces a un movimiento de independientes (Movimiento Independiente SigloXXI), que ya desde entonces molestos por la corrupción, malas administracionesy preocupados por el destino del país, decidimos participar y asumir algunasresponsabilidades ciudadanas.

Antes, en febrero del  año 1984, fue el ascenso al poder del doctorJaime Lusinchi, el cual designó, hacia finales de ese su primer año en elpoder, la Copre(Comisión Presidencial para la Reforma del Estado/decreto 403 del 17 de diciembre). Dichacomisión trabajó el resto del periodo y, después de cuatro años, el 1° denoviembre de 1988 entregó, además de distintas propuestas previas en diversasmaterias, su informe final. De allí se labró el consenso para que durante elprimer año del siguiente periodo presidencial del presidente Pérez se eligieranpor vez primera gobernadores, alcaldes y legisladores: regionales y locales.

Pero el afán de lucro, que se había anidado yacomo hábito en ciertas élites políticas, conspiró para saciar su continua sedde poder, descuidando el necesario apoyo político para la creación de una nuevainstitucionalidad democrática para la modernización del diseño y aplicación depolíticas públicas eficaces. Así las políticas macroeconómicas del mundo neoliberal,aplicadas desde el petroestado instaurado hasta el presente en Venezuela, acomienzos de esos noventa, algunas incompletas, otras disparatadas socialmente,aunado a la acumulación de la problemática político-social en nuestra región,se reflejó muy directamente en Venezuela y en nuestro pueblo, dando pie a laruptura del resto de credibilidad que existía en el pacto social democráticodel país, sacrificando a uno de sus principales líderes democráticos: por unapartida secreta, seguramente de dominó de conspiradores. Estos lograron lo queno pudieron dos intentos fallidos de golpes de Estado, cruentos. La historiamostró a un Carlos Andrés Pérez con claro compromiso democrático, sometiéndosea los tribunales y leyes de la república.

La transición a través del respetadohistoriador, Ramón J. Velásquez, y luego con la elección del presidente Calderase pacificó el país. Esto también puede darnos un buen ejemplo de cómo sepueden encarar difíciles tiempos como los que vienen. Con él aprendimos agobernar en la escasez de recursos materiales. Se enfrentó una gigantescacrisis financiera-bancaria, con el petróleo a menos de diez dólares promedio elbarril. Con compromiso, conocimiento, creatividad y honestidad se trabajó concolaboradores: como Matos Azócar y Teodoro Petkoff, tratando de rectificarsiempre para sacar nuestra Venezuela adelante en difíciles años. Si ese llamadochiripero, con el cual gobernó Caldera, fue todo el cúmulo de pequeñísimospartidos que luego a excepción de Causa R, con la candidatura del amigo AlfredoRamos, apoyó en 1998 aChávez, pensando en un cambio positivo para Venezuela: ¿por qué no puede ahoraunirse esa coalición junto al resto del país en esta terrible situación que hacomenzado a vivir la república? No abundaré ahora en detalles económicos. Losdejo a la brillantez profesional de Pedro Palma, José Guerra o Antonio Paiva,por ejemplo. Pero debemos aprender a subrayar sí, desde la célebre frase “laeconomía estúpido, la economía”, que todos debemos estar pendientes de ella yque Venezuela no puede resignarse a vivir con alta inflación, sostenida hacia2015 en niveles de 80%, con pronóstico de decrecimiento alrededor de 5% y undéficit cercano a 10% PIB. Todo lo anterior con compromisos de deudas porhonrar, precios del barril petrolero y reservas en picada.           

Ahora, cuando avizoramos la llegada de unanueva etapa para Venezuela, exhortamos a todos aquellos que algunas veztuvieron el anhelo de ver una Venezuela más justa y más humana, bajo el imperiode leyes que emanen del verdadero clamor popular por salud, alimentación,seguridad, trabajo y educación de calidad para todos, y cuyos valores moralessean robustos y a la vez flexibles pilares de libertad y justicia: a que reconozcanel error en que se ha convertido este llamado socialismo del siglo XXI, y a noesperar repetir y repetir errores, como en Cienaños de soledad, distrayendo al pueblo con realismo mágico tipo la ascensióna los cielos de Remedios, como la solución a esta narrativa histórica quevivimos. Emprendamos juntos el camino de rectificación y reunificación mediantela convocatoria desde el propio Palacio de Miraflores a un gobierno de unidadnacional para salvar a Venezuela. Que se decrete la amnistía general de todoslos procesados y condenados por razones políticas, al igual que la vuelta delos exiliados.

Los ejemplos de movidas audaces están a lahora del día; como ejemplo la de Santos, que se apoya tanto en Estados Unidoscomo en Cuba o si necesita en Venezuela, para conseguir la paz en Colombiafrente a medio siglo de violencia, políticamente criminal y mediocre; o lamovida de Obama convergiendo con Raúl Castro junto a la memoria de Mandela,cuando el tema del racismo pretende dar aún sus coletazos de causa moribunda enEstados Unidos que junto al tema de la desigualdad económica y la pobreza sonasuntos serios a atender. Castro, que sabe que se acabó el tiempo, pues la vidapasó, y le queda la posibilidad de ser el agente de transición hacia lalibertad y el progreso material de sus conciudadanos ha actuado con audacia.Esta es la hora de Maduro y de Cilia para moverse hacia la democracia De no serasí, y en el caso de no haber voluntad política manifiesta hacia tal llamado arectificación, le pido a todo el pueblo venezolano, sin distingo de simpatías,chavistas, caprilistas o leopoldistas, a que nos unamos en la exigencia masivade renuncia a la Presidenciade la República Bolivariana de Venezuela de Nicolás Maduro, para dar pasohacia una transición democrática por bien de la patria.

 

Gonzalezdelcas

fundacionvenezuelasigloxxi@gmail.com

 

Balance y perspectiva

    

Luis González Del Castillo

 

Luego de tres lustros de insólitos desvaríos: 1999-2014, Venezuela concluye fatigada una etapa más de su vida republicana, bajo la aleccionadora devastación de la relativamente importante institucionalidad democrática que se había logrado edificar durante los precedentes cuarenta años: 1958-1998. La misma  es digna de auscultación por una narrativa como la que conocí en El olor de la guayaba por ejemplo, del admirado compatriota de Colombia: Plinio Apuleyo Mendoza, a quien la generosidad de El Nacional me permite dedicar el presente artículo junto a la memoria de su imperecedero amigo el Gabo.

Desde que Colón trajo la civilización imperial europea, con la conquista  que se inicia en nuestro territorio venezolano a partir de 1498; al avistamiento de las tierras nororientales de Macuro, en el hoy estado Sucre, al año de 1998 son exactamente cinco siglos, que se escriben fáciles, pero son quinientos largos años de lucha entre la barbarie y el anhelo por una sociedad fraternal y democrática en América. Tan solo, como se puede resumir en un grueso balance de tal época, 8% de ese tiempo se logró el esfuerzo continuo por crear una sociedad de iguales ante la ley y de deberes y derechos proporcionales, ante un Estado democrático en construcción.

¡Apenas ayer me encontraba en la Junta Electoral Regional del Estado Aragua! como testigo principal del candidato a gobernador Carlos Tablante Hidalgo, en diciembre de 1989, cuando el general de la cuarta división de Maracay llegó y dijo en fuerte voz, algo como: “Vistos los resultados arrojados en los primeros comicios para elegir gobernadores y alcaldes de Venezuela y cumpliendo órdenes del señor presidente Carlos Andrés Pérez, vengo a felicitarle y a ponerme a sus órdenes señor gobernador electo”. Era la primera vez que una fuerza considerada “socialista” arribaba al Poder Ejecutivo, regional en este caso, por vía democrática-electoral, en Venezuela. Pertenecía yo entonces a un movimiento de independientes (Movimiento Independiente Siglo XXI), que ya desde entonces molestos por la corrupción, malas administraciones y preocupados por el destino del país, decidimos participar y asumir algunas responsabilidades ciudadanas.

Antes, en febrero del  año 1984, fue el ascenso al poder del doctor Jaime Lusinchi, el cual designó, hacia finales de ese su primer año en el poder, la Copre (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado/decreto 403 del 17 de diciembre). Dicha comisión trabajó el resto del periodo y, después de cuatro años, el 1° de noviembre de 1988 entregó, además de distintas propuestas previas en diversas materias, su informe final. De allí se labró el consenso para que durante el primer año del siguiente periodo presidencial del presidente Pérez se eligieran por vez primera gobernadores, alcaldes y legisladores: regionales y locales.

Pero el afán de lucro, que se había anidado ya como hábito en ciertas élites políticas, conspiró para saciar su continua sed de poder, descuidando el necesario apoyo político para la creación de una nueva institucionalidad democrática para la modernización del diseño y aplicación de políticas públicas eficaces. Así las políticas macroeconómicas del mundo neoliberal, aplicadas desde el petroestado instaurado hasta el presente en Venezuela, a comienzos de esos noventa, algunas incompletas, otras disparatadas socialmente, aunado a la acumulación de la problemática político-social en nuestra región, se reflejó muy directamente en Venezuela y en nuestro pueblo, dando pie a la ruptura del resto de credibilidad que existía en el pacto social democrático del país, sacrificando a uno de sus principales líderes democráticos: por una partida secreta, seguramente de dominó de conspiradores. Estos lograron lo que no pudieron dos intentos fallidos de golpes de Estado, cruentos. La historia mostró a un Carlos Andrés Pérez con claro compromiso democrático, sometiéndose a los tribunales y leyes de la república.

La transición a través del respetado historiador, Ramón J. Velásquez, y luego con la elección del presidente Caldera se pacificó el país. Esto también puede darnos un buen ejemplo de cómo se pueden encarar difíciles tiempos como los que vienen. Con él aprendimos a gobernar en la escasez de recursos materiales. Se enfrentó una gigantesca crisis financiera-bancaria, con el petróleo a menos de diez dólares promedio el barril. Con compromiso, conocimiento, creatividad y honestidad se trabajó con colaboradores: como Matos Azócar y Teodoro Petkoff, tratando de rectificar siempre para sacar nuestra Venezuela adelante en difíciles años. Si ese llamado chiripero, con el cual gobernó Caldera, fue todo el cúmulo de pequeñísimos partidos que luego a excepción de Causa R, con la candidatura del amigo Alfredo Ramos, apoyó en 1998 a Chávez, pensando en un cambio positivo para Venezuela: ¿por qué no puede ahora unirse esa coalición junto al resto del país en esta terrible situación que ha comenzado a vivir la república? No abundaré ahora en detalles económicos. Los dejo a la brillantez profesional de Pedro Palma, José Guerra o Antonio Paiva, por ejemplo. Pero debemos aprender a subrayar sí, desde la célebre frase “la economía estúpido, la economía”, que todos debemos estar pendientes de ella y que Venezuela no puede resignarse a vivir con alta inflación, sostenida hacia 2015 en niveles de 80%, con pronóstico de decrecimiento alrededor de 5% y un déficit cercano a 10% PIB. Todo lo anterior con compromisos de deudas por honrar, precios del barril petrolero y reservas en picada.           

Ahora, cuando avizoramos la llegada de una nueva etapa para Venezuela, exhortamos a todos aquellos que algunas vez tuvieron el anhelo de ver una Venezuela más justa y más humana, bajo el imperio de leyes que emanen del verdadero clamor popular por salud, alimentación, seguridad, trabajo y educación de calidad para todos, y cuyos valores morales sean robustos y a la vez flexibles pilares de libertad y justicia: a que reconozcan el error en que se ha convertido este llamado socialismo del siglo XXI, y a no esperar repetir y repetir errores, como en Cien años de soledad, distrayendo al pueblo con realismo mágico tipo la ascensión a los cielos de Remedios, como la solución a esta narrativa histórica que vivimos. Emprendamos juntos el camino de rectificación y reunificación mediante la convocatoria desde el propio Palacio de Miraflores a un gobierno de unidad nacional para salvar a Venezuela. Que se decrete la amnistía general de todos los procesados y condenados por razones políticas, al igual que la vuelta de los exiliados.

Los ejemplos de movidas audaces están a la hora del día; como ejemplo la de Santos, que se apoya tanto en Estados Unidos como en Cuba o si necesita en Venezuela, para conseguir la paz en Colombia frente a medio siglo de violencia, políticamente criminal y mediocre; o la movida de Obama convergiendo con Raúl Castro junto a la memoria de Mandela, cuando el tema del racismo pretende dar aún sus coletazos de causa moribunda en Estados Unidos que junto al tema de la desigualdad económica y la pobreza son asuntos serios a atender. Castro, que sabe que se acabó el tiempo, pues la vida pasó, y le queda la posibilidad de ser el agente de transición hacia la libertad y el progreso material de sus conciudadanos ha actuado con audacia. Esta es la hora de Maduro y de Cilia para moverse hacia la democracia De no ser así, y en el caso de no haber voluntad política manifiesta hacia tal llamado a rectificación, le pido a todo el pueblo venezolano, sin distingo de simpatías, chavistas, caprilistas o leopoldistas, a que nos unamos en la exigencia masiva de renuncia a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela de Nicolás Maduro, para dar paso hacia una transición democrática por bien de la patria.

 

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