• Caracas (Venezuela)

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Froilán Barrios

Bagdad, Damasco o San Cristóbal

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Acostumbrados por décadas a conocer imágenes desgarradoras de los conflictos en el Medio Oriente, donde guerras civiles azotan permanentemente la vida de estos pueblos y convierten sus ciudades y comunidades en sombras sin destino, y a sus pobladores en migrantes condenados al infortunio, jamás nos imaginamos, quizás por la lejanía, que podríamos atravesar alguna vez por situaciones trágicas cercanas a esas magnitudes en Venezuela.

Si bien es cierta la crisis política que vivimos en nuestro país, no alcanza las dimensiones de las agudas confrontaciones sociales de la Primavera Árabe iniciada en 2010. Cuando conocemos por las redes sociales la cruenta realidad vivida por los pobladores de la ciudad de San Cristóbal del estado Táchira y el estado de excepción de facto al que ha sido sometida, se comprueba una vez más la vocación dictatorial del gobierno nacional y el terreno movedizo a una conflagración civil de proporciones nacionales, provocada desde las altas esferas del poder como as bajo la manga para sortear a su favor el más grave impasse de nuestra historia republicana.

Los relatos que provienen de San Cristóbal son dramáticos, desde la invasión de un ejército de ocupación, que allana viviendas, incauta data informática, detiene selectivamente a los líderes de la protesta, asesina para generar miedo y pánico, destruye bienes personales; es la muestra de los que nos espera al resto de los venezolanos si insistimos en la protesta y el rechazo al desconocimiento del orden constitucional vigente.

A la brutal agresión contra los tachirenses se une el encarcelamiento ilegal de alcaldes opositores, dirigentes políticos; detención a estudiantes y terrorismo judicial, torturas y amenazas de violación a manifestantes, encarcelamiento de militares de alto rango que han cuestionado la represión y la manipulación política de las FABN, allanamiento de la inmunidad a diputados; la expansión de un clima de autocensura de los medios de comunicación, remachado con cadenas nacionales permanentes, orientadas a demostrar cínicamente al mundo entero que Venezuela es un país de gente feliz gracias a las bondades del gobierno socialista.

La paranoia gubernamental ha devenido en la promoción de aparatos paramilitares creados a semejanza de los batallones de la dignidad panameños de Noriega, las camisas negras nazis, las camisas pardas fascistas, el khmer rojo, para producir el terror y aniquilar la protesta, lo que convierte en niños de pecho a los esbirros de la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez.

El malaconsejado gobernante, quien pretende conducir así a un pueblo herido, se equivocó de política en su intento de apagar la rebelión popular desatada en todo el territorio nacional; al contrario, ha motivado el apoyo popular por cada uno de los asesinados, torturados, detenidos, perseguidos, cuyo único delito es exigir que se escuche a la otra Venezuela, que desea vivir en paz y en convivencia nacional, y que ha tenido como respuesta gubernamental la exclusión, la prisión o la muerte.

 

*Movimiento Laborista