• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Genaro Arriagada Herrera

Bachelet 2.0: El mérito… y el peligro

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El triunfo de Michelle Bachelet se entiende mejor si su análisis se inicia con una referencia tanto a la derrota de la Concertación de hace cuatro años como a la de la Alianza el día de ayer.

Cuando en 2010 algunos buscaron explicar ese fracaso electoral de la Concertación en el mal desempeño de sus gobiernos, les fue difícil encontrar datos que sostuvieran su aserto, pues sus dos décadas de gobierno se cuentan entre las más exitosas que el país haya conocido. La pregunta obvia era: si las cosas iban bien, ¿por qué perdieron las presidenciales en el 2009?

Ante el gobierno de Piñera, los datos llevan a la misma pregunta. Mirado con objetividad, ha sido exitoso en el manejo de la economía, y los temores de que iba a revertir políticas de derechos humanos y sociales resultaron infundados. Entonces, si las cosas iban bien, ¿por qué perdieron las presidenciales de 2013?

La explicación a estas derrotas radica en que tanto la Concertación en 2009 como la Alianza en 2013 no estaban interpretando a la sociedad, sus nuevos anhelos, ni captando la razón de su malestar. Ambas se mostraban perplejas ante esta contradicción entre, por una parte, el notable crecimiento y mejoramiento en la calidad de vida y, por otra, un país atravesado por una aguda sensación de injusticia, de explotación, que se sentía excluido de la participación y el poder.

1. El gran logro, una nueva agenda: Esta elección presidencial ha roto ese nudo gordiano logrando invertir los términos del debate. No es el fracaso de la economía lo que alienta el actual malestar social, sino su éxito. El triplicar la riqueza per cápita ha desatado una fuerte demanda de igualdad, pues al mantenerse el patrón de distribución de ingresos, las diferencias en la calidad de vida se han hecho más hirientes y ofensivas. La combinación de crecimiento económico con desigualdad ha alimentado la exigencia de una reforma constitucional que haga más abierto e inclusivo al sistema político.

Se puede estar o no de acuerdo con esta agenda, pero es imposible desconocer que esta elección la ha dejado sólidamente instalada, situando el debate en torno a la igualdad, justicia social, reforma educacional, una reforma tributaria que la financie, una nueva Constitución. Guste o no, eso es lo que discutirá el país este año y los siguientes.

2. El gran peligro, la contraagenda:

Tener una agenda y obtener un tan fuerte respaldo para ella es un gran avance. Pero el resultado de ayer no inaugurará para su triunfadora un paseo por un jardín de rosas.

Frente a los temas de la nueva agenda, la derecha más dura tiene, a la vez, una gran debilidad y una gran fortaleza. La debilidad es en lo propositivo: simplemente no está en su ADN discutir reformas tributarias o constitucionales. Pero está en su esencia oponerse a esas políticas, y ello en todos los países y en todas las épocas. Los grupos ultraconservadores encuentran su mayor factor de unidad en la lucha contra las alzas de impuestos, por impedir cambios en la Constitución, por rechazar políticas para redistribuir los ingresos y en la defensa de la libertad de enseñanza, porque en eso intentarán transformar su lucha contra la gratuidad en la educación.

Anoche, el gran éxito de Michelle Bachelet fue obtener un respaldo para su agenda, y con ello fortaleció enormemente su figura histórica; pero su gran desafío será impedir que sus adversarios —que, aunque debilitados, gozan de no pocos votos y de enorme poder— se unan de un modo militante en la contraagenda a que apuntan sus sectores radicalizados.