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Eduardo Semtei

Carta pública a Saúl Ortega

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Estimado Saúl. (Saúl es diputado a la AN por Carabobo, miembro del PSUV).

Sé de tu dilatada trayectoria como dirigente de izquierda. No recuerdo que te hayas visto envuelto en escándalos políticos y mucho menos administrativos. Has mantenido una conducta fiel a lo que podríamos llamar, con todo el respeto, el mensaje y propósito original del proyecto chavista. Tengo entendido que participaste de alguna manera en el fallido golpe militar intentado por el finado. Desde allí en adelante tu defensa, que entiendo es auténtica, en todo lo referente a la política internacional, no ha mostrado debilidad. Pero los tiempos han cambiado.

Las cosas no son lo que parecen. Los revolucionarios deben analizar bien la realidad. Evitar la alienación. La posición de Venezuela en relación con Cuba no es de ninguna manera libre, independiente o soberana. La intromisión del gobierno cubano en los asuntos venezolanos es criticable. La defensa de Maduro del gobierno Sirio afirmando que tal dictadura no tenía armas químicas llena de vergüenza a los venezolanos frente a la realidad encontrada por los investigadores de la ONU de toneladas de armas de tal naturaleza almacenadas violando los acuerdos internacionales, y evidentemente usadas contra el pueblo indefenso. Alegar que tales armas químicas, secretamente almacenadas, fueron hurtadas por opositores para luego usarlas contra sus propias familias es un disparate.

Nuestras alianzas internacionales no han sido las más nobles. Varios dictadores han recibido una réplica de la espada de Bolívar inmerecidamente. Pero hay otras cosas. Feas. Despreciables, estimado Saúl.

La cuestión del alcalde de Valencia. De tu partido. Saúl, no puedo creer que ni tú ni los siete diputados a la AN del PSUV por Carabobo, ni la docena de diputados del Consejo Legislativo desconocieran los entuertos administrativos del señor Parra. Ni tú ni los otros legisladores son tontos. Sabían de las operaciones vergonzantes. Del despilfarro. De la existencia de una corte de amantes de curvilíneas formas que gobernaban, mandaban, ordenaban mucho más que cualquiera de ustedes.

Alegar, Saúl, que los compromisos revolucionarios y la fidelidad al llamado proyecto están por encima del honor, la verdad, la responsabilidad, el decoro, y que, por lo tanto, no era conveniente “políticamente” denunciar a Parra y sus amantes, sabiendo que la corruptela tenía años, no es ni será una conducta revolucionaria. Es lo mismo de siempre. Encubrimiento. Ocultamiento.

El caso Makled, tan público y notorio, jamás fue denunciado por ninguno de los diputados compañeros de tu tolda. Por el contrario, algunos todavía usan las camionetotas blindadas 4x4 que los famosos hermanos regalaban a diestra y siniestra. La complicidad por omisión se hizo presente. ¿Por qué será que en nombre del pueblo, de las masas, de los oprimidos, en los gobiernos como el de Chávez y Maduro se va perdiendo el norte y se cae siempre, como sucedió en la URSS, Cuba, Corea del Norte, en una adoración al líder, en la pérdida del carácter crítico, en la complicidad?

Fíjate, Saúl, en la economía venezolana. Decir que la inflación es una maniobra opositora es una estupidez monumental. Que el desabastecimiento se debe a unos malvados que esconden los productos. Que la inseguridad es una “sensación” son síntomas perversos de una ruptura con la realidad. De un engaño gigantesco. De miedo a reconocer un fracaso total.

Y por último, Saúl. Castigar como en una escuelita primaria a dos diputados negándoles el derecho de parlamentar, Saúl, en el Parlamento, prohibirles el uso de la palabra, alcanza un nivel de soberbia, de desprecio a las leyes, de abuso que se irá sumando a las cuentas por cobrar, y después, y está cerca, no creo que se pueda controlar el gigantesco número de cobradores que intentarán saldar sus cuentas por iniciativa personal. De sembrar vientos y alimentar rencores nunca sale nada bueno. Le van debiendo una vela a cada santo. Y los santos no siempre hacen milagros.