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Juan Barreto

El fascismo para Gramsci

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Para Antonio Gramsci, uno de los pensadores de izquierda más agudos con relación a la cuestión fascista, la posición de un ala ideológica de derecha de la pequeña burguesía constituyó la base de masas para una contraofensiva reaccionaria contra el movimiento obrero y socialista. Para Gramsci la presencia del fascismo ocurre por la combinación de la agitación y propaganda demagógica de los sectores medios de derecha y un plan de revancha de la gran burguesía, contra cualquier intento de revolución socialista. (Cualquier parecido con la oposición venezolana no es pura coincidencia).

La victoria del fascismo en Italia 1922 se ha de considerar, pues, no como una victoria conseguida sobre la revolución, sino como la consecuencia de la derrota producida a las fuerzas revolucionarias por sus errores, debilidades y defectos intrínsecos.

El fascismo, como movimiento de la reacción armada que se propone el objetivo de disgregar y desorganizar a la clase trabajadora para inmovilizarla, entra en el cuadro de la política tradicional de las clases dirigentes italianas, y en la lucha del capitalismo contra la clase obrera.

Socialmente el fascismo encuentra su base social en la pequeña burguesía urbana y en una nueva burguesía agraria surgida de una transformación de la propiedad rural en algunas regiones.

Esto, y el hecho de haber encontrado una unidad ideológica y organizativa en las formaciones militares en las que revive la tradición de la guerra antiobrera, que sirven en la guerrilla contra los trabajadores, permiten al fascismo concebir y ejecutar un plan de conquista del Estado.

En sustancia, el fascismo modifica el programa de conservación y reacción que siempre ha dominado la política de derechas solamente con un modo distinto de concebir el proceso de unificación de la fuerza reaccionaria. Este propósito corresponde con la voluntad de resistir a fondo a todo ataque revolucionario, lo que permite al fascismo recoger las adhesiones de la parte más decisivamente reaccionaria de la burguesía industrial y de los terratenientes agrarios.

En el campo político, ante todo, la unidad orgánica de la burguesía en el fascismo no se realiza inmediatamente después de la conquista del poder. Fuera del fascismo quedan los centros de una cierta oposición burguesa al régimen autoritario de derecha. Por una parte, no queda absorbido el grupo que tiene fe en la solución democrático-liberal del Estado. Es decir, los moderados reformistas democráticos quedan fuera progresivamente de cualquier alianza con el fascismo.

El fascismo se ve obligado a luchar contra estos grupos democráticos y moderados sobrevivientes, dando lugar a una fisura en el bloque de las fuerzas conservadoras y antiproletarias, que en determinadas circunstancias puede favorecer el desarrollo y la afirmación del proletariado organizado como clase política revolucionaria como tercer y decisivo factor de una situación política.

En el campo económico, el fascismo actúa como instrumento de una oligarquía industrial y agraria para concentrar en las manos del capitalismo el control de todas las riquezas del país. Esto no puede hacerse sin provocar el descontento en la pequeña burguesía, que, con el advenimiento del fascismo, creía llegado el tiempo de su dominio.

El fascismo para Gramsci adopta toda una serie de medidas para favorecer una nueva concentración industrial, y a éstas corresponden otras medidas a favor de los sectores de propietarios agrarios y contra los pequeños y medios cultivadores (impuestos, arbitrios sobre el trigo, “batalla del trigo”). La acumulación que estas medidas determinan no constituye un crecimiento de riqueza nacional, sino que es expoliación de una clase en favor de otra, esto es, de las clases trabajadoras y medias a favor de la plutocracia.