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Leopoldo López

Venezuela y el petróleo (I)

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Quiero compartir una serie de artículos dedicados al tema petrolero. Hablar de una mejor Venezuela sin comprender el asunto petrolero es una irresponsabilidad. Nuestro país ya tiene 100 años de historia petrolera y hemos hablado por años de sembrar el petróleo. Estoy convencido de que es hora de cosecharlo; esto es, por un lado, apalancar el bienestar de millones de venezolanos brindándoles oportunidades reales de superar la pobreza, y, por el otro, apalancar el progreso, a través de la generación de millones de empleos productivos en una economía finalmente diversificada. Porque nunca debemos olvidar el fin último de una política petrolera: generar paz, bienestar y progreso.

El petróleo es y tiene que ser una bendición para el bienestar y el progreso del pueblo. Creo que hay que dejar atrás esa conseja pesimista de que el petróleo es una maldición. Somos el país con las mayores reservas de petróleo del mundo y esto es una gran bendición si sabemos aprovecharlas y desarrollarlas de manera responsable para las generaciones futuras del país.

Excremento del diablo, durante años el pensamiento político con respecto al petróleo se resumía en esa frase de Juan Pablo Pérez Alfonzo. La premisa básica ha sido que el petróleo es dañino y causante de nuestros males económicos y culturales y que nos ha impedido avanzar hacia la economía diversificada. La frustración es comprensible: el Estado venezolano hoy más que nunca es un modelo de derroche, corrupción, ineficiencia y de pretensión de todopoderoso que quiere controlar la sociedad.

Una manera de entender las distintas alternativas de la política petrolera que, por supuesto, tiene varias implicaciones, es mediante una fórmula muy sencilla: el ingreso fiscal petrolero es igual al precio multiplicado por su volumen multiplicado por la tasa. Así vemos cuál ha sido la prioridad de la política petrolera en Venezuela en los últimos años.

Durante el siglo XX la prioridad estuvo alrededor del volumen. En primer lugar, tenemos un enfoque en el que se inscriben los pensamientos de Rómulo Betancourt y de Pérez Alfonso, y dominante durante una buena parte del siglo XX. Consistía en no explotar una tasa demasiado elevada del volumen del petróleo, porque no teníamos suficientes reservas para dos ni tres generaciones.

El otro criterio es el precio, el cual pasa a ser el factor dominante en la visión del manejo de la industria petrolera. Esto ocurre fundamentalmente a partir de 1973, con el boom petrolero. Al tener altísimos niveles de precios, el volumen no era lo más importante. Coincidió el tiempo de la nacionalización con el momento de más producción, pero también hubo pérdidas en la capacidad productora, lo que llevó a una franca caída durante una buena parte de los años finales del siglo XX.

Priorizar el precio sigue siendo la visión dominante. El gobierno actual ha buscado darle prioridad al precio para “venderles” a los venezolanos que gracias a su política el precio ha alcanzado altos niveles. Nada de esto ocurre realmente. La realidad está relacionada con el empuje de la demanda, fundamentalmente, y durante los últimos años los precios han crecido y, por lo tanto, el ingreso fiscal.

Pero hoy vivimos la peor crisis económica a pesar de que hemos tenido los precios más altos de nuestra historia petrolera. Caída de la producción, corrupción, incapacidad gerencial, desenfoque estratégico y desaprovechamiento de oportunidades de negocios son sólo algunas de las causas que han llevado a la situación de la industria hoy. No pretendo detenerme en ilustrar esto último, que ha sido suficientemente abordado por expertos en la materia; preferimos plasmar cuál es nuestra visión de una política petrolera para la mejor Venezuela, pero esto será materia de la próxima entrega. Fuerza y fe Venezuela.