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Pedro Llorens

Tribulaciones de un chivo en China

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El señor de los gerundios viajó a Pekín para exigir (rogar) a los chinos otorgando, fiando, dando, brincando… y regresó con los mismos que suele utilizar en su demagogia (lumpen) de calle: “Haciendo escala y siguiendo el camino a nuestra amada patria bolivariana, recibiendo informes y tomando decisiones”, expresó a través de su cuenta de Twitter para anunciar su retorno al país, con los bolsillos vacíos, endeudado y golpeado.

La autorización del viaje “por más de cinco días” (¿tiempo indefinido?), “a partir del 21 de septiembre” (¡salió un día antes!) fue mal solicitada por el Gobierno, mal procesada por la Asamblea y mal votada por los diputados oficialistas… y no es necesario ser un “pitiyanqui” redomado para dar crédito a la vocera del Departamento de Estado, Marie Harf, cuando afirmó que la solicitud para sobrevolar Puerto Rico durante el viaje estaba tan requetemal hecha, además de haber sido presentada a destiempo y para una aeronave no oficial (cubana), que hubo necesidad de asesorar a los funcionarios de la Embajada de Venezuela en Washington “sobre la forma correcta de obtener el permiso”… algo perfectamente normal tratándose de súbditos del Castorcito canciller, que no sabe de espacio aéreo a pesar de vivir en las nubes… 

Luego vinieron las tribulaciones del Bigotón o el chivo que más mea, como se han dado en llamarlo ahora algunos subalternos más Jala Jala que la del salsero de Borinquen Richie Ray, durante su estadía en China… porque en opinión de muchos economistas los volvieron a embromar con créditos atados a compras de productos chinos o a inversiones para producir esos productos en el país (ya hay más de 300 empresas chinas en Venezuela), pagaderos con el envío de 535.000 barriles diarios de crudo y algunos favores como la creación de nuevas empresas mixtas en la faja petrolífera del Orinoco, o la concesión de minas de oro como Las Cristinas, en Bolívar, que podrían comprometer la soberanía del país, si no la hubiese comprometido hasta los tuétanos Corazón de Mi Patria, y no precisamente con los gringos.

Según el diputado Carlos Berrizbeitia, quien le lleva la cuenta al centavo a los presidentes, sin que lo hayan desmentido, el viajecito de Bigotón costó 2 millones de dólares, sin incluir los gastos ocasionados por las genuflexas avanzadas burocráticas en Pekín, la siempre extensa comitiva y los invitados especiales… que a la hora de escoger la aeronave obligan a preguntar: “¿Cuántos familiares de la primera combatiente caben en cada uno de los aviones?”.