• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

The economy, stupid

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En 1992 George Bush lucía imbatible, seguro ganador de las elecciones americanas, hasta que Bill Clinton le acuñó la frase: “La economía, estúpido, la economía”, que hizo aparecer al hasta entonces victorioso como un pobre candidato. Ignorante de los asuntos cotidianos. Alejado de la gente y, sobre todo, necio e ignaro en cuestiones del bienestar económico. Advierto, no son indirectas contra nadie. Que Bush sea un tarado, un imbécil, un bobo en materia económica no significa que otros presidentes lo sean.

Bueno, hoy quiero hablar de economía, más concretamente, de la rama financiera. Aquí vamos. Todo ello, a propósito de la descabellada e infecunda idea de que la inflación en un país es obra y gracia de unos malvados que se reúnen a subir los precios de todos los productos, en una especie de guerra económica dirigida a derrocar al gobierno. Y precisamente lo hago en el marco de las grandes colas que se forman a las afueras de las tiendas de electrodomésticos, zapaterías, jugueterías y otras ramas del comercio, integradas por ciudadanos aprestos a aprovechar “gangas”.

Algunas ideas simples. Las empresas que obtienen mayores beneficios son siempre aquellas más eficientes; por lo tanto, las que rindan poco o nada son precisamente las maulas, las ineficientes, las chimbas. Al establecer un margen único de beneficio para todas las empresas, supuestamente desde 15% hasta 30% (¿sobre qué base, precio de venta, costo?), estarán castigando a las eficientes, pues las ventajas competitivas que hayan desarrollado se verán anuladas, mientras que las fracasadas serán premiadas. Así arribamos a nuestra primera conclusión. Cuando alguien invierte, hasta en matrimonio y divorcio, pondera dos elementos fundamentales, en primer lugar, la expectativa de ganancias ¿felicidad? y en segundo lugar, pero no menos importante, el riesgo que ello implica. Son dos variables imposibles de evadir, separar o soslayar; riesgo y rendimiento.

Un jugador de lotería, del Kino, sabe que la probabilidad de sacar 15 números es muy remota. Vale decir, el riesgo es altísimo, consecuencialmente su expectativa de rendimiento tiene que ser muy alta, me refiero al máximo premio. Dado el riesgo estratosférico, el rendimiento debe ser sideral. En la actualidad creo que con 200 bolívares usted espera ganarse hasta 15.000.000. ¿En qué otro negocio usted invierte 200 bolívares para ganarse 15.000.000? Ni siquiera en mercancía en polvo por Air France. Esta es la segunda conclusión. A mayor riesgo, mayor rendimiento. En inversiones de igual riesgo es preferible el mayor rendimiento, y en aquellas de igual rendimiento los agentes económicos racionales escogerán siempre la de menor riesgo. Los rendimientos son entonces promedios, nacionales, estadales, locales, por empresas, por lapsos de tiempo. Si la ganancia fuera una variable, podríamos afirmar que la expectativa de rendimiento es la media aritmética de un promedio. Las medidas de la tendencia central. Mientras que la dispersión que resulte entre la expectativa de rendimiento y los beneficios reales es su variación, en términos estadísticos, su desviación estándar, su varianza. De nuevo riesgo y rendimiento.

En una economía los riesgos fundamentales son: riesgo país, de crédito, por la tasa de cambio, de liquidez, de mercado, de obsolescencia, riesgo soberano, de tasas de interés, político, jurídico, de reposición de inventarios. Es evidente entonces que  todas estas medidas alocadas, demagógicas y estrafalarias tomadas por Maduro tratando inútilmente de bajar la inflación a punta de bayonetas, terminará inequívocamente disparando hasta el cielo todos y cada uno de esos riesgos señalados.

Una última conclusión: No habrá inversionista racional dispuesto a entrar en una economía donde los riesgos son incomparablemente más altos que en el resto del globo terráqueo. Salvo una apuesta tipo Kino. Sobre Venezuela ha caído una cortina de hierro rojo (No sé dónde oí esa frase). Este festín de televisores baratos se acaba en diciembre. Pan hoy, hambre mañana. Desempleo. Desabastecimiento. Inflación y violencia.