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Beatriz de Majo

Colombia en Cápsulas

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“Acusaciones de circo” fue el calificativo que usó el expresidente Álvaro Uribe para darles un nombre a los ataques lanzados desde la Cancillería venezolana en su contra, ataques en los que el encargado de las relaciones externas de Venezuela lo tildó de “paraco y de asesino”. Sobre el desatinado lenguaje de Jaua no vale la pena detenerse, porque su procacidad lo califica a él mismo.

Es una lamentable realidad que en la Casa Amarilla lo que hay no es solo un craso desconocimiento de lo que debe ser la política exterior del país, sino también ignorancia en cuanto al comportamiento y los modales impecables que debe exhibir quien la dirige.

Una vez más los colombianos nos dan una lección de sindéresis, de equilibrio y de buenas maneras, cuando desde el Palacio de Nariño se le ordenó a la ministra de Relaciones Exteriores manifestar el desacuerdo del gobierno colombiano con los insultos lanzados por su homólogo en contra de un ex presidente. Si el ministro Jaua creyó que insultando a Álvaro Uribe se ganaba la simpatía de Juan Manuel Santos se equivocó de plano.

Tiene mucha más estatura quien pasa por encima de las diferencias políticas personales que pueda tener con Uribe que quien se escuda en la insolencia del lenguaje para atacar sin pruebas y a mansalva a un ex mandatario de un país amigo, sabrá Dios con cuál extraño objetivo.

Pero es que el estilo de actuación de quienes nos gobiernan –y ello incluye a una buena cantidad de líderes del PSUV– es el pendenciero, el sin-maneras, el estridente, el soez, pensando que las palabras pueden superponerse a las  ideas y que se revisten de hombría frente al país al comportarse de un modo bajo, agresivo y grosero.

La guerra emprendida contra Álvaro Uribe por este gobierno no tiene más asidero que el mismo desgastado artificio de fabricar un culpable de atropellos, de hacer señalamientos falaces, para en torno a ellos encauzar la ira colectiva y desviar la atención de lo sustantivo que ocurre en el país. Nada nuevo hay en ello.

El tono de la Cancillería colombiana frente a los agravios infligidos a quien es un indudable líder político neogranadino fue mesurado y quieto. No hubo la tentación de replicar al desafuero venezolano con otro insulto. Sin embargo, María Ángela Holguin fue firme al manifestar que ya en repetidas ocasiones se le ha exigido al gobierno “amigo” moderar su lenguaje en sus relaciones con Colombia y respetar la dignidad de su expresidente.

Flaco servicio se le hace a Venezuela desde su Ministerio de Relaciones Exteriores cuando en el momento en que Venezuela muestra al mundo la peor de sus caras, la de la represión y la de la violación de los derechos ciudadanos, sus dirigentes revolucionarios completan el cuadro fraguando descontentos y antipatías externas por la vía del insulto.

Recordemos que no han pasado sino pocos días desde que el mismo presidente Maduro le propinara al propio presidente Juan Manuel Santos su buena dosis de improperios.

 

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La Cancillería venezolana estaba al tanto del reclamo de explicaciones de parte de Colombia por la deportación de 70 nacionales neogranadinos este año en condiciones aparentemente irregulares, ya que las autoridades colombianas así se lo habían manifestado El tema es viejo porque las deportaciones entre países fronterizos es un hecho frecuente, debido a la condición de ilegalidad que exhiben muchos indocumentados. De hecho, en el año 2012 Venezuela deportó a 133 colombianos y en 2013, a 2.635. Sin embargo, el récord se batió este año ya que en 6 semanas 558 ciudadanos colombianos han sido devueltos a su país. El tema forma parte de las conversaciones que sostienen las dos cancillerías, así como también el conseguir una vía eficaz para que los nacionales de Colombia puedan volver a realizar sus remesas a través de un mecanismo transparente que impida los manejos fraudulentos.