• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Graciela Melgarejo

Ay, lo que hay detrás de las palabras

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Algunos lectores se han quejado, amargamente, de las nuevas incorporaciones al léxico del español que la RAE viene anunciando para la edición 23 del Diccionario. Por ejemplo, la palabra “wifi” es muy resistida, y algunos preferirían mantenerla como en su origen: el nombre de un dispositivo inalámbrico, en inglés; es decir, escribir Wi-Fi y dejar todo como está.

Hoy, quizá muchos se asombrarían de enterarse de que “aspirina” fue alguna vez el nombre de un producto, y que el uso, y nada más que el uso, le dio la entidad suficiente como para pasar a formar parte de las palabras con las que nos manejamos diariamente los hispanohablantes.
¿Qué haremos entonces con el WhatsApp, tan de moda y tan útil y tan buen negocio, como evidentemente parece creer Facebook? Fundéu, modestamente, acerca una sugerencia muy válida y atendible. En su “Recomendación urgente del día”, el 20 de febrero, con el título “Un wasap y wasapear , adaptaciones adecuadas al español”, se explica que “el sustantivo wasap (‘mensaje gratuito enviado por la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp’), así como su verbo derivado wasapear (‘intercambiar mensajes por WhatsApp’), son adaptaciones adecuadas al español, de acuerdo con los criterios de la Ortografía de la lengua española”.

Nos ahorra Fundéu la corrida para consultar la Ortografía, porque agrega: “Esta obra señala que la letra w es apropiada para representar la secuencia /gu/, entre otras, en palabras extranjeras adaptadas al español (waterpolo , web , por ejemplo)”, y pide respetar la denominación comercial en frases como: “Facebook compra WhatsApp por más de 13.800 millones de euros”.

Todavía Fundéu ( www.fundeu.es ) trae dos últimas observaciones: “El plural de wasap es wasaps , sin tilde, pese a terminar en s , dado que se trata de una palabra aguda terminada en grupo consonántico”, y “aunque también pueden resultar admisibles las adaptaciones guasap , plural, guasaps , y guasapear, al perderse la referencia a la marca original y percibirse como más coloquiales, se prefieren las formas en w”.
Nosotros, argentinos y caóticos, ya hemos adherido naturalmente a la última forma, la coloquial, la que mejor se adapta al irónico espíritu lingüístico que nos caracteriza.

La moda nos rige a todos más que las normas de convivencia o las de la RAE. Los españoles están contentos como niños con su nueva palabra, escrache. Sin embargo, una escritora, la española Rosa Montero, nos enseña a ver el valor de las otras palabras, las de siempre, detrás de los modernismos. En su artículo “Esa pena” ( http://bit.ly/1fq4GYd ), del 4/2, en el diario El País de España, escribe sobre lo que nosotros habitualmente llamamos desalojos: “Lo de que los desahucios se aceleraron durante la primera mitad de 2013 es una de esas noticias reveladoras, un dato obsceno que te hace ver la realidad (...) Qué insidiosos, qué pertinaces son los valores convencionales, los sonoros discursos de los poderosos. En los últimos meses cada vez hemos hablado menos de desahucios y más de los escraches; de los supuestos excesos de los que hacen escraches para protestar contra los desahucios”.