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Beatriz de Majo

¿Avanza la paz?

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Las tratativas de La Habana acaban de entrar en una nueva fase: la de las propuestas. Un comunicado conjunto de los dos lados de la negociación, Gobierno y guerrilla, al cierre del quinto ciclo de conversaciones, da cuenta de lo que las partes consideran un avance. El tema no es banal: se trata del "acceso y uso de la tierra, tierras improductivas, formalización de la propiedad, frontera agrícola y protección de las zonas de reserva", tal como figura en la agenda. Pocas horas después del cierre, Iván Márquez desmeritaba el esfuerzo asegurando que apenas están trabajando en la construcción de un acuerdo, pese a que admitió que nunca en los procesos anteriores se había alcanzado tanto.

Por razones bien disímiles a ambos lados de la ecuación les conviene que el proceso comience a dar frutos. La paralización no es un lujo que pueda permitirse Juan Manuel Santos, quien carga desde inicios de este año con el pesado fardo de una impopularidad creciente en las encuestas de opinión. La guerrilla, por su lado, nunca ha contado con la confianza de la población colombiana y es evidente que para poder abordar los escabrosos asuntos de la agenda sobre la compensación a las víctimas y del derecho a la justicia de los agraviados, es menester que ella haya dado muestras fehacientes de encontrarse en el proceso animado de buena fe.

Sin resultados tangibles la colectividad colombiana no solo no avalará la continuación de las conversaciones, sino que sancionará duramente a ambos protagonistas.

Al finalizar el quinto ciclo de los diálogos el resultado es positivo aunque las valoraciones de cada uno de los dos lados no sean coincidentes. Objetivamente, el Gobierno puede exhibir como éxito el que los guerrilleros estén dispuestos a aceptar el diseño de programas e instrumentos para la recuperación de las tierras que están en manos de ilegales. Los alzados en armas pueden anotarse a su favor que es gracias a la participación ciudadana por ellos sugerida, que ha sido posible entresacar propuestas viables para que los campesinos sean considerados como una prioridad en la política gubernamental de los próximos tiempos.

Quizá el paso de avance más relevante es el reconocimiento de los representantes del movimiento guerrillero de la necesidad de actuar como fuerza política en lo sucesivo. Esto abre una compuerta que debe ser capitalizada por los negociadores del Gobierno, porque en ello reside el verdadero cambio cualitativo que es necesario producir en la relación entre el país, la oficialidad y el terrorismo.

La batalla electoral apremia a ambos actores. Los pasos aún son tímidos, la batalla de la paz no hace sino comenzar... los augurios mejoran.