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Gustavo Briceño

¿Asamblea nacional constituyente?

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Cualquiera sea la transformación constitucional que pretendamos hacer pasa no solo por una discusión en la sociedad civil debidamente organizada, sino por un análisis detallado de considerar las posibilidades objetivas y reales para emprender y lograr con ello una transformación institucional, en la que se ponga como tema fundamental instalar y respirar una democracia representativa con todo lo que significa su expresión más perfeccionada. Ello se impone no solo desde el punto de vista ético y moral, sino que, si la idea es hacer una constituyente solo para eliminar estratégicamente el sistema actual jurídico y político que conforma la Constitución de 1999, estamos perdidos.

Ciertamente, si el planteamiento es conformar una democracia donde la división de los poderes públicos sea una realidad actuante, donde se discuta si la ley es la expresión de la voluntad general, y la eliminación del presidencialismo exagerado a lo que nos acostumbra el actual régimen político constituye el programa esencial, es sin la menor duda una idea que puede no solo tener muchos detractores, sino que, debido a las circunstancias políticas y comunicacionales, una nueva asamblea nacional constituyente constituye hoy día una ilusión sin sentido y sin consecuencias positivas para los venezolanos.

Actualmente, el régimen chavista posee una estructura comunicacional y un manejo unilateral de las instituciones como nunca se había visto en nuestro país. El Consejo Nacional Electoral es un cuerpo esencialmente político y no técnico, solo para beneficiar los intereses del partido del gobierno, y ello parece muy difícil transformar adecuadamente en estos tiempos, solo con el testimonio y el ejemplo de lo ocurrido en estos días, cuando esta institución no responde a la imparcialidad y objetividad como lo exige la Constitución, sino solo a los intereses de los partidos políticos donde el chavismo tiene por cierto mayoría. En verdad constitucional, la designación de los representantes de la "sociedad civil" para escoger a los magistrados del CNE, es partidizado y sectario y, para más, con el apoyo de los partidos de la oposición. Ello no garantiza objetivamente la elección y votación popular, de representantes políticos para dirigir una nueva asamblea nacional constituyente, lo cual peligra la materialización de representantes auténticos, solo conformando parte de una asamblea nacional a favor del gobierno.

Si elegimos miembros parcializados hacia el régimen –con el apoyo de un CNE– la transformación de la Constitución puede severamente peligrar, en el sentido de que solo con los votos de ellos se puede configurar una nueva constitución que responda a los intereses de un socialismo marxista pasado de historia y donde la división de los poderes públicos no exista, sea una fantasía, y donde el imperio de la ley se transforme en una divisa fatal para convertirla en el imperio del gobierno. Esto hoy día es así, imagínense ya con el apoyo de una constitución votada por el pueblo.

En principio, las constituciones en el mundo responden a los deseos de los pueblos. Primero se averigua y se analiza que es lo que desea y pretende la sociedad civil, y luego el pensamiento popular se materializa y se plasma a través de la constitución. Siempre lo expreso y hoy más que nunca, las leyes y las constituciones constituyen cartas jurídicas y los poderes públicos y los ciudadanos deben obedecerlas, sin embargo, hay países donde las constituciones son hermosas, y sobre todo las leyes y quienes las aplican son desastrosamente anticiudadanos y fundamentalmente autocráticos. El problema para los que piensan en una ANC es característicamente cultural y de comportamiento social y no de escritos ni de cartas. Ellas deben existir, sin la menor duda, pero la cultura democrática para seguirlas es fundamental que exista y se perfeccione, es, desde luego, el síntoma más importante de una sociedad desarrollada y avanzada. No es posible, entonces, proponer una asamblea nacional constituyente que responda a deseos de pura emocionalidad sin criterio de practicidad y de madurez, al contrario, hay que sopesar las condiciones y circunstancias por donde transitar mejor hacia un gobierno democrático que inspire confianza. La primera pregunta que nos hacemos es que, con individuos que no creen en la democracia ¿es posible instalar o convocar una gran asamblea nacional para transformar el país en un sistema de libertades? Seguro que no.

gbricenovivasgmail.com

@gbricenovivas