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Marianella Salazar

Artillería de Oficio. Terrible esperanza

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Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros “próceres de la revolución” hablan del malogrado diputado Robert Serra como si fuera una inocente paloma, una de las candorosas voces blancas o uno de los niños cantores de Viena, o una especie de monaguillo de monseñor Moronta. Desgraciadamente, no es así y Maduro lo sabe. Quizá lo sepa mejor que nadie. Ni siquiera en el chavismo creen en la versión del cándido y virginal dirigente juvenil. Nadie quiere enlodar su reputación, ni relatar versiones inmersas en un submundo infernal, pero en el mundo político sabían de sus andanzas, no solo en cuanto a su vida personal, sino por las relaciones peligrosas con miembros de los más radicales de esas bandas criminales armadas por el gobierno, paramilitares a los que eufemísticamente llaman “colectivos”.

En la casa del diputado, según versiones de prensa cuya fuente es el Cicpc, había dólares, armas de guerra y municiones al margen de la ley. ¿De dónde los sacó?... De qué cantidad de dólares habla el Cicpc ¿100.000 o a millón de dólares?, ¿o es que iba a viajar y tenía en su casa el insignificante cupo que Cadivi nos da a los venezolanos de segunda para humillarnos? En algo malo y raro andaba el diputado, por eso nadie cree las versiones novelescas de un Uribe mandando a un paramilitar colombiano a cometer el doble crimen, ni al diputado opositor Berrizbeitia, por decir en la Asamblea Nacional que este gobierno tiene los días contados, frase que ha estado en boca de más de medio país desde que Nicolás Maduro tomó el poder.

En cuanto al asesinato del poderoso Odreman, líder del colectivo “Frente 5 de Marzo”, que después de ser ultimado pasó a ser reconocido como jefe de una banda criminal, constituye una demostración de la verdadera naturaleza de esos brazos armados de la revolución. El presidente Chávez en el año 2009 tildó de criminal a Valentín Santana, líder del colectivo La Piedrita, después de explicar que no era posible que un grupo armado amenazara de muerte a un ciudadano (Marcel Granier) y pidió que lo apresaran, cosa que jamás sucedió.

Esos grupos tienen el apoyo del gobierno, y cuando se pasan de la raya, el gobierno vocifera, hace de vez en cuando un ajuste de cuentas para luego dejarlos tranquilos. Es más fácil mantener preso a Leopoldo López, a los alcaldes despojados de su investidura, Ceballos y Scarano, y a los estudiantes que poner orden a esta anarquía y la violencia generada por los “colectivos”.

Quisiera creer que hay buena intención en la política de desarme, empezando por los paramilitares bolivarianos, pero lo dudo mucho, porque toda la vida he pensado que un mal grave cometido ayer no puede originar buenas consecuencias el día de mañana. A los ciudadanos aterrados por la violencia,  a quienes les han asesinado a sus seres queridos, los que huyen de esta pesadilla para no sufrir de nuevo la experiencia de un secuestro solo les queda la esperanza de que esas peligrosas bandas, amparadas bajo la revolución, desaparezcan del mapa de la forma que lo vienen haciendo: matándose entre ellos. Terrible esperanza, pero los asesinos no dejan otra.

 

Tic tac

Fracasó Nicolás Maduro en su intento de mandar un contingente de médicos militares y civiles para luchar contra el ébola en Sierra Leona. Todos se negaron por el peligro de contraer el mortal virus y traerlo a Venezuela. Sin embargo, los cubanos podrían introducirlo por vía del puente aéreo Cuba- Sierra Leona. Los trajes de protección contra el virus, adquiridos por los cubanos con nuestro dinero, no son de última de generación, como los estadounidenses y europeos, porque no eran un negocio rentable para los comisionistas.