• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Eduardo Mayobre

Argenzuela

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En muchos países de América Latina se ha hecho común referirse a Argentina como “Argenzuela”, porque consideran que ese país austral se parece cada vez más a nuestra querida y caribeña Venezuela. No se trata de un elogio. Argentina, que llegó a ser un país desarrollado a comienzos del siglo XX, con una economía y un nivel de vida superiores a los de Brasil, con el que rivalizaba por ser la gran potencia regional, ha sufrido durante varias décadas enfrentamientos políticos, caudillismo, dictaduras militares y personalismos grotescos. Lo que la ha conducido a un creciente deterioro y la ha llevado a intentar los más diversos experimentos políticos. El último invento ha sido tratar de emular las políticas impuestas en Venezuela por el comandante Chávez. Por ello se le dice Argenzuela.

Como era de esperarse, le ha ido mal. Y el otrora gigante latinoamericano es cada vez más la sombra de sí mismo. El país sofisticado de cultura europea, capaz de darnos maravillas como Jorge Luis Borges; de producir tanto tango como trigo, y de afirmar lo autóctono a través de un Atahualpa Yupanqui, parece hoy una triste milonga arrabalera. Todavía en el siglo XXI “el que no llora no mama, y el que no mama es un gil”, como dijera el filósofo del tango, Enrique Santos Discepolo.

Ante tanto desarreglo, la dinastía actualmente gobernante en la tierra del plata no ha encontrado mejor solución que inspirarse en el autoritarismo del teniente coronel caribeño, quien en su momento le ayudó a sacar la pata del barro comprándole bonos que a nadie más le parecían aceptables. Esto permitió a los Kirchner, debe reconocerse, superar unos años de inaceptable incertidumbre en Argentina. Así alcanzaron su popularidad. Pero luego les afectó la enfermedad del poder.

Como suele suceder, a Nestor Kirchner y a su señora esposa algunos éxitos iniciales los llevaron a creer que eran indispensables. Pensaron que habían encontrado la receta para darle a su patria el progreso, la estabilidad y la justicia que ya sólo recordaban los ancianos, porque habían tenido lugar en un pasado remoto.

Concluir de lo anterior que el pueblo los necesitaba y que su permanencia en el poder era el remedio mágico para que nuevamente resplandeciera Argentina, era muy fácil. Por lo tanto, como Néstor y Cristina eran una pareja bien avenida, tramaron que se alternarían la Presidencia de la República y así no tendrían que recurrir al odioso expediente de la reelección. De esta manera evitarían la ruina política que la misma le había ocasionado a Carlos Menem (quien ahora, con su conocido e innoble oportunismo, dice admirar a Cristina).

El libreto funcionó de acuerdo con lo previsto y la señora Cristina Fernández de Kirchner sucedió a su marido como jefe del Estado, con la expectativa de devolverle el poder en el próximo cambio de gobierno. Pero sucedió lo inesperado y el primer cónyuge, Néstor, falleció. Dado el vacío que dejaba, a Cristina no le quedó más alternativa que buscar y lograr ser reelegida para continuar la obra que ambos se habían propuesto. Entonces le afectó la enfermedad de perpetuarse en el poder. Y encontró que el mejor ejemplo que podía seguir al respecto era el de Hugo Chávez, maestro en reelegirse. Constató que parte de tal maestría consistía en controlar personalmente todos los poderes, públicos y privados, acallar a la prensa y reprimir a quienes no pensaran como ella.

Mientras cavilaba sobre eso, y sobre cómo lograr una segunda reelección, la economía del país se vino al suelo, se disparó la inflación y debió implantar controles cambiarios. En esto también se pareció a Hugo Chávez. Por ello a alguien se le ocurrió lo de Argenzuela.

Si vemos el otro lado del espejo, podremos observar que Venezuela también se parece cada vez más a Argentina. Después de haber tenido años de esplendor gracias a la riqueza petrolera (digamos desde 1940 hasta 1980, para abarcar todo el espectro político), comenzó un proceso de deterioro que parecía pasajero, al que siguió una etapa de reproche mutuo, de acusaciones alegres e improvisaciones, que fue derivando en el desprestigio del sistema, primero como nostalgia y luego como desilusión, hasta desembocar en un militar charlatán y autoritario. Lo demás es historia conocida: Argenzuela es una palabra que se puede leer igual de norte a sur que de sur a norte. En ambos casos quiere decir lo mismo.