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Adolfo P. Salgueiro

Argentina: quien tiene la culpa del default?

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¡Hola! Parece cierto aquello de que es difícil callar una voz que pugna por expresarse. En efecto, cuando hace apenas tres semanas nos vimos involucrados en lamentable episodio de renuncia/botada de un importante medio impreso, todo parecía indicar que nuestra pluma entraría en un merecido –pero aun no decidido– descanso, al menos hasta que las circunstancias nacionales cambiaran.

Pero…hete aquí que en medio de la natural tribulación producida por el abrupto final de nuestra relación con El Universal aparece Miguel Henrique Otero invitándonos a estar presentes en esta sección de El Nacional y aun cuando estamos de vacaciones, es evidente que una oportunidad así no se puede dejar pasar. Es por eso que desde hoy aparecemos en estas muy prestigiosas páginas en las que –coincidencialmente– hicimos nuestra primera incursión en el campo de la opinión allá por los años de oro de la cuarta cuando éramos felices y democráticos, aunque no lo sabíamos.

Explicada pues nuestra presencia aquí, vamos entonces al tema que hoy nos ocupa: la difícil situación en la que está atrapada Argentina que no puede pagar a quienes tienen en su poder bonos soberanos de ese país pese a tener los recursos y la voluntad de cumplir –en términos razonables– una severa sentencia emanada de un tribunal federal de Estados Unidos.

Por eso los acreedores, los mercados y las agencias calificadoras  de riesgo hablan de un “default” mientras el gobierno argentino lo presenta como algo “sui generis” que desde las entrañas de “el imperio” se trama contra una nación soberana.

Cabe explicar que el caso se venía litigando ante un tribunal norteamericano no por imposición de nadie sino por elección de esa jurisdicción por el gobierno argentino cuando ofreció opciones de reestructuración de la deuda externa soberana que no pudo pagar después del default de 2001.

Desafortunada –y tal vez injusta aunque no ilegalmente– la decisión judicial del mes de junio pasado desfavoreció a Argentina en todas las instancias, incluyendo la Corte Suprema de Estados Unidos y ahora –luego de años de ácido litigio– los “fondos buitres” (que no son la madre Teresa de Calcuta) tienen una sentencia definitiva favorable que quieren que se cumpla. El pataleo se acabó.

Hasta aquí mas o menos el resumen del caso. Ahora veamos la explotación política y mediática que Buenos Aires da a la situación.

Según la presidenta Cristina Kirchner el país austral es víctima de una conspiración del más siniestro y desalmado capitalismo que se vale de la justicia para poner de rodillas a una nación soberana truncándole sus posibilidades de progreso. Olvida la señora Kirchner que las condiciones de reestructuración de la deuda cuyo pago hoy se le exige se fijaron durante el gobierno de su esposo durante el cual ella era legisladora y votó a favor de las mismas. Tales condiciones ofrecían una quita de 75% al capital adeudado a cambio  de la promesa de pago para quienes aceptaran esa opción (93%) y dejar a su suerte a los que no la aceptaran (7%) que son los que recurrieron a la justicia para poder cobrar el valor nominal de los papeles. Reconocemos que actuar así es feo pero en la justicia formal no existe ganar-ganar. Allí lo que se juega es ganar-perder. Argentina perdió y las decisiones que llevaron a esa derrota fueron tomadas por gobiernos elegidos limpiamente, democráticos, con aprobación legislativa etc. Los pueblos deben hacerse cargo de sus errores. Por eso es que hay que elegir bien y no dejarse engatusar por los cantos de sirenas populistas.

Así pues no cabe duda de que Argentina está en una difícil situación “contra las cuerdas”. El dilema es si ello debe atribuirse a quienes contrajeron la deuda, renegociaron su pago, litigaron y perdieron (todos kirchneristas) o si cabe el recurso de echar la culpa a la conspiración mundial igual como lo hacen nuestros próceres revolucionarios que ven la mano del imperio hasta en la escasez de papel higiénico.

apsalgueiro@cantv.net