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Claudio Nazoa

Argenis Martínez y los Beatles

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Hoy se cumplen 47 años de un evento importantísimo para mi vida, que involucra al gran periodista y amigo Argenis Martínez, miembro de la Junta Directiva de El Nacional. Me pareció conveniente, en estos días de aniversario, recordar anécdotas simpáticas de los periodistas y compañeros que hacen posible que El Nacional exista.

Argenis era, o más bien es, diez años mayor que yo. Lo conocí en Villa de Cura, ya que él era el secretario regional de Aragua de la clandestina Juventud Comunista de Venezuela. Yo era una vaina que los comunista llaman “cuadro”, qué traducido, son aquellos que hacen el trabajo pesado que nadie quiere hacer. Cada quince días viajaba Argenis hasta Villa de Cura y hacíamos unas reuniones horribles y clandestinas. Bajo un techo de zinc en aquél calorón, Argenis nos leía y nos obligaba a discutir “Tribuna Popular”, el periódico de los comunistas. Aquellas reuniones, eran ladillíííísiiimassss y duraban hooorasss.

Yo estudiaba en el Liceo Alberto Smith y había convencido a varios de mis compañeros de clases para oír la perorata evángelicacomunista de Argenis, quien también nos leía extractos de un libro gordote titulado “El Capital” de Carlos Marx. Luego nos preguntaba:

—A ver, camarada Claudio, ¿qué quiso decir el autor?

—No sé bien… pero… es una vainaa arrechísima.

Así eran esas visitas del camarada “Williams”, ese era su pseudónimo. Yo tenía un apodo ridiculísimo: “el camarada Iki”.

Argenis nos ponía tareas horribles y peligrosas para la época: vender Tribuna Popular y hacer pintas alusivas a la Juventud Comunista.

Lo más cómico de la cosa y lo peor, era que el único comunista de Villa de Cura era mi papá y por supuesto, todo el mundo lo sabía, lo cual traía como consecuencia, que a todas las personas a quienes a media noche les rayábamos las paredes, iban a reclamar a mi casa.

—Mire, señor Nazoa, a mí no me importa que usted sea comunista, pero dígale a su hijo que no me raye más la pared.

Para ser sincero, tengo que agradecerle a Argenis que yo ahora soy de la extrema derecha. Un día, en una reunión, me dijo:

—El camarada Iki, tiene que elegir entre los decadentes Beatles o el partido comunista.

Aproveché la oportunidad:

—¡Los Beatles!, camarada Williams— y desde ese momento me sentí liberado y odié el comunismo.

Yo no sé qué ocurrió con Argenis Martínez, pero ahora, por esas vueltas que da la vida, los dos somos agentes de la CIA, trabajamos en El Nacional, y a los dos nos encantan los Beatles.