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Álvaro Requena

¿Arco Minero, arco de triunfo? (1)

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Algunas cosas que suceden en el mundo son tan similares de un lugar a otro, que pareciera que se copian el suceso y lo ponen en práctica sus ejecutores, con el mismo descaro y desprecio, en todas partes. Las explicaciones de los involucrados siempre son parecidas y la mayoría de las veces buscan la comprensión y aceptación de la humanidad para sus actos de violencia desmedidos e injustos. Veamos, por ejemplo, la historia de “Carlos el Chacal”, quien en uno de los últimos procesos legales que le han tocado, en 2013, confesó haber matado 1.500 personas, 80 de ellas con sus “propias manos”, pero se declaró inocente de varios atentados, una decena de muertos y cientos de heridos. Los últimos terroristas que andan matando gente inocente en lugares impensados, actúan, aparentemente, solos. Habrá que verlo. El Chacal, dicen las autoridades francesas, nunca ha mostrado arrepentimiento alguno y sigue vivo. Los últimos asesinos terroristas han muerto todos. Quizá arrepentidos, como Judas, que se ahorcó.

Crímenes no solo los cometen humanos que se creen imbuidos de un mandato celestial o demoníaco, pero en todo caso, mandato. También lo hacen los grupos, las corporaciones, las sociedades y hasta los Estados. Muestra de ello son las masacres, linchamientos, genocidios, juicios amañados y el establecimiento de leyes “ad-hoc” para solventar situaciones incómodas, guerras, conquistas y abusos de todo tipo. La historia abunda en ejemplos.

Pero hay otras acciones igualmente condenables que pasan desapercibidas porque los intereses las opacan o porque la conveniencia, la complicidad o la corrupción las disimulan, hasta que aparece el desastre.

Los problemas ecológicos surgidos del acucioso estudio de quienes comprendiendo con inmensa tristeza el daño que hemos perpetrado a nuestro único hogar —por el momento—, han logrado develar daños al planeta que son indiscutiblemente criminales y han sido escondidos detrás de argumentos falaces y sofistas como los de contribuir a la riqueza de las naciones, disminuir el empobrecimiento, incrementar la cultura y aumentar los niveles de salud.

Muchos países han sufrido en carne propia la descarnada manipulación de sus bienes: oro, diamantes, coltán, uranio, cobre, plata, platino, bauxita, petróleo, maderas, pesca, animales, antigüedades y seres humanos. La esclavitud todavía existe.

Los grandes responsables de estas pérdidas incuantificables no solo son las corporaciones o los individuos que las dirigen, también, y más importante y de mayor peso moral, los empleados públicos, los administradores de los bienes de esas naciones que por sordos, ciegos, mudos y ausentes, permiten crímenes que ni todas las sentencias a cadena perpetua que se puedan juntar, cubren su mala y aviesa intención de no cuidar, no proteger y no mantener las bondades de la naturaleza para con las naciones bendecidas por esas riquezas.

Como se desprende del título, mi intención es referirme a ese proyecto que han llamado el arco minero y a todos los otros (p.ej., petroleros) que en vez de acariciar y mantener nuestros bienes, los explotan de forma inclemente y generan ecocidio. Seguiremos con este tema, Dios mediante y si la naturaleza no se opone, en dos semanas.

 

alvarogrequena@gmail.com
@arequena