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Juan Carlos Gardié

Aquelarre con bululú (Cerro prendio’ hegemónico)

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—¡Cínicos, abusadores y herejes! –increpé firmemente a Cerro Prendio’, mi colega de morena tez y cabellera confusa por su forma, matices colorao’s y textura de cabilla–. Así se comportaron los diputados del mal llamado Gran Polo Patriótico, porque no es lo grande que torpemente afirman, no es polo si no reconocen la existencia de otro similar pero opuesto, y no es patriótico por destruir el país. Cuando un diputado de ropa importada y rictus de verdugo frustrado por los innumerables ridículos que ha cometido ante el país, aseguró que la oposición no es la mitad de los electores, olvidó que en las pasadas elecciones parlamentarias los rojitos sacaron menos votos que nosotros. De igual modo, creen que Venezuela no se enteró de la trampa de los circuitos. Eso es cinismo y no estrategia política, como algunos ciegos guías de ciegos aseveran. Son abusadores cuando a todas luces cometen fraude constitucional para nombrar poderes sin renovación ni equilibrio, con la insensata cantaleta del golpismo, haciéndose los locos para sacarle el cuerpo al hecho histórico inocultable de que ellos son los desestabilizadores con víctimas mortales de 1992. Por si fuera poco, pasan la aplanadora adeca que tanto criticaron y como ñapa, no dejan hablar a los diputados electos tan popularmente como ellos –concluí.

—Espérese un momentico, mi amigo –respondió el colega–, nosotros no representamos al pueblo, ¡nosotros somos el pueblo! Y allí reside la soberanía, por lo tanto, nuestro accionar está bendecido por Dios y el comandante eterno. No nos importa lo que puedan pensar los pitiyanquis como tú. Nosotros vamos a sembrar el petróleo, conducidos por el Estado Mayor contra guerra económica.

—Como dice el maestro Vidal, no es necesario ser economista para vivir y entender las penurias que vivimos hoy día por la errónea conducción del Estado. Basta con salir media hora a cualquier calle y verás desabastecimiento, delincuencia efervescente y caos general. Ahora, 16 años después, se dieron cuenta de la importancia de diversificar la economía y activar un aparato productivo que ustedes mismos destruyeron. Mientras tanto, se gozaron la danza de los millones con populismo interno, regalitos externos y corrupción. Este modelo tipo menjurje llamado socialismo del siglo XXI es un total fracaso y se equivocan si piensan que los venezolanos que somos, por lo menos, medio país, vamos a perder las elecciones próximas, porque sí vamos a votar. Además, nuestra presencia en la calle y cualquier escenario necesario y posible, será contundente siempre respetando la Constitución y las leyes. Dios no es chavista, mi llave, como dijo el periodista sacrílego que no se da cuenta de que su afirmación es igual a la del musulmán que en 1941 gritó que Alá era nazi ¡semejante desatino! Y la cosa no es para reírse –observé ante el asomo de sonrisa nerviosa del pana–. Esa sesión sainetesca de la Asamblea, fue en realidad un aquelarre satánico con público pagado. Todo un bululú de burlas y morisquetas políticas e intelectuales donde vociferaban contra el afán hegemónico de los gringos, pero defendiendo la perversa tesis de la hegemonía mediática, donde no hay injerencia extranjera sino abuso de poder en claro ejercicio de la bota de un pichón de Sátrapa y su corte de aduladores con gríngolas –volví a concluir.

Lo miré fijamente. Intuí su deseo de golpearme. Me metí la mano en el pantalón como Clint, mi vaquero preferido. Di un paso hacia él. Resoplé violentamente como me enseñó mi maestro de técnica vocal. Silencio total. Resoplé de nuevo y el muy cobarde  balbuceó mientras giraba sobre sí para marcar la retirada: “¡Escuálido!”, me dijo, y lo vi caminar sin viento ni veleta. Torpe. Lleno de ira y resentimiento, como el statu quo bermellón que nos agobia, no por mucho, ya que nuestra Constitución y los votos, los sustituirán en breve. No hay duda.