• Caracas (Venezuela)

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S:D:B Alejandro Moreno

¿Aprovechar?

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Me encuentro un conocido en el Metro. Saludos, comentarios, preguntas de ocasión. Entre éstas, la obligada de si está trabajando o no y en qué:

—Trabajo en un restaurante, pero el dueño es insoportable, provoca matarlo.

—No digas eso.

—Bueno, como están las cosas hoy que cualquiera te puede dar un tiro y no pasa nada, es el momento de aprovechar y “escoñetar” (sic) a cualquier tipo.

No sé si su intención era verdadera o no, pero no lo dijo riendo.

Todo el mundo se queja de la impunidad que goza el crimen en esta dolorosa Venezuela porque, así, todo delincuente tiene libertad para actuar contra cualquier ciudadano hasta por simple capricho. Pero los efectos de la impunidad indefinidamente prolongada y extendida van más allá de la ejecución de crímenes numerosos, indiscriminados y macabros. Envenena la mente de muchos metiendo en ella lo que podríamos llamar expectativas de posibilidad. Mucha gente empieza a pensar, como el conocido del encuentro, que es posible matar –sí, matar– impunemente. El veneno va introduciéndose lentamente y quizás al principio la sola idea asuste, pero luego ejecutar el acto criminal se va viendo como factible sin consecuencias dañinas para la misma persona que lo está imaginando. No está dicho que la acción siga inmediatamente a lo imaginado, pero la puerta queda abierta. Por psicología social sabemos que no se ejecuta una acción si el sujeto de la misma no está convencido de que la puede ejecutar. Es lo que en términos más técnicos se llama “percepción de autoeficacia”. A esta conciencia de autoeficacia se llega por el ejemplo de otros, especialmente de aquellos que son modelos importantes por su relevancia y prestigio social, por la persuasión producida por discursos e incitaciones y algún otro factor. La impunidad, en cuanto descarta consecuencias negativas, refuerza esa percepción y dispone a la acción. ¿Cuántos venezolanos que nunca pensaron en ser criminales estarán empezando a sospechar que eso para ellos pudiera ser también posible? ¿No se estarán extendiendo y contaminando esos corrosivos miasmas a muchas mentes hasta ahora sanas pero, por fallas en su formación moral, religiosa, en valores, débiles ante el acoso de la enfermedad?

¿A cuántos se les puede ocurrir, y de hecho se les ocurrirá, que pueden aprovechar la situación para descargar sus pasiones, resolver violentamente sus conflictos o lograr sus objetivos criminales?

La impunidad, glosando una conocida sentencia, corrompe y la impunidad absoluta corrompe absolutamente. ¿Acabará corrompiendo a toda nuestra sociedad?