• Caracas (Venezuela)

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Maritza Izaguirre

Aprender de los vecinos

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Por razones de trabajo, me tocó vivir muy de cerca las dificultades de la región, en los años ochenta y noventa del siglo pasado, dónde el agotamiento de la política de sustitución de importaciones y de crecimiento hacia adentro mostraba síntomas de agotamiento. Por otra parte, el gasto público, financiado mediante un crecimiento exagerado de la deuda tanto interna como externa, el debilitamiento de los precios de las exportaciones tradicionales vinculadas a la explotación de recursos naturales, y las erradas políticas de los gobiernos en materia fiscal y monetaria, tuvieron como consecuencia, entre otras, el alza incontrolada de los precios, el deterioro del salario real, y el debilitamiento del aparato productivo.

Ello condujo a una situación crítica, caracterizada por el desequilibrio de las cuentas internas, con graves déficit fiscales, balanza de pagos deficitaria, escasez de moneda extranjera, lo cual condujo a la aplicación de medidas de corto plazo insuficientes, consistentes en la aplicación de múltiples controles, y a graves problemas de corrupción y de conductas ilícitas. La desaceleración del crecimiento elevó las tasas de desocupación, condujo al aumento de la pobreza y al crecimiento de la informalidad. Todo ello llevó al deterioro del nivel y calidad de vida de la población, incidiendo fuertemente en los estratos de menores ingresos, afectados por la inflación y las dificultades en el acceso a servicios de calidad, en materia de seguridad ciudadana, infraestructura, educación, salud y seguridad social, entre otros.

Sin embargo, tal como lo reflejan las estadísticas oficiales para la región, al aplicar los programas destinados a recuperar los equilibrios macro económicos y, lo más importante asumir las reglas de una buena gestión, la situación cambio, logrando en pocos año generar las condiciones básicas en un entorno de políticas confiables, que facilitaron el retorno de capitales y estimularon la inversión, generando riqueza y facilitando la reorientación del gasto fiscal hacia la formación del capital humano y capital social.

Los gobiernos de turno en cada uno de los casos asumieron con responsabilidad las reformas con el resultado de ofrecer hoy a su población mayores oportunidades de progreso y bienestar. No todo ha sido resuelto pero hoy cuentan con mayores ventajas para completar la modernización de su aparato productivo, fortaleciendo las alianzas público privadas base de un desarrollo sostenible.

Lo anterior refuerza lo expuesto recientemente por académicos y profesionales destacados, los cuales al analizar la situación nacional, concluyen que es necesario rectificar en cuanto el modelo planteado, el cual, tal como la experiencia lo confirma, no permite encaminar el aparato productivo y a la sociedad en general hacia el crecimiento y desarrollo, creando las condiciones de una mayor inclusión y justicia para la sociedad.