• Caracas (Venezuela)

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Los procesos creadores se advierten desde la más tierna infancia, por eso, entre los temas más importantes de la psicología infantil y de la pedagogía figura el fomento de la capacidad creadora y su importancia para el desarrollo general y de la madurez del niño. De aquí la conclusión pedagógica sobre el valor de ampliar la experiencia del pequeño si queremos proporcionarle un piso suficientemente sólido para su actividad creadora. Es necesario entonces que el niño lea, que imagine, que viaje, que oiga, experimente y aprenda. Todos estos elementos enriquecerán su experiencia como también la actividad imaginativa.

Veremos cómo la fantasía se apoyará en la memoria, disponiendo sus datos en nuevas e inéditas combinaciones. Todo gracias a la actividad combinadora del cerebro que dispone de las huellas de las excitaciones, las combina en posiciones distintas a las que se encontraban en la realidad. Es muy importante entonces disponer de enormes reservas de experiencia acumulada para poder construir con estos elementos tales imágenes. Si el niño no poseyese descripciones o ilustraciones de la exuberancia de vegetación, de la altura, de los desniveles, de los peñascos y de los animales que habitan las montañas, no podría de ninguna forma crear la imagen de estas montañas. Un medio oportuno de ayudar al niño a enriquecer su experiencia es a través de la lectura, de las ilustraciones, dibujos, mapas, entre otros.

Cuando un niño no lee disminuye su afán de fantasear ese interés de imaginar, de pensar, de especular reflejo de su actividad creadora como en los juegos.

Cuando el niño lee se debe enseñar a razonar luego de la lectura, de lo contrario estará abandonado a su suerte, pues no tendrá apoyos ni guía.

El niño que lee, y se ha enseñado a razonar luego de la lectura, sabrá preguntar y argumentar, sacará deducciones, suposiciones, relaciones. Los comentarios hechos por el docente y por sus compañeritos de curso abrirán para él nuevos caminos, enriquecerán su experiencia y su imaginación, fomentarán el respeto por otros razonamientos. Todo de acuerdo con un programa sistemático, según lo refiero en mi ensayo titulado “La hora del cuento” (en edición), especialmente diseñado para desplegar sus capacidades crítico-creativas a través de distintas dinámicas desarrolladas  antes y después de la lectura.

El niño que lee pero no ha sido expuesto a dinámicas posteriores, llegará con suerte hasta donde culmina el texto. Los diversos caminos que sugiere la lectura quedarán inexplorados e ignorados.

El niño acostumbrado a razonar luego de la lectura de un cuento literario, un poema o una biografía aprovechará los conocimientos adquiridos con relación a la infancia y vida de sus autores, sus países de origen, señalados en un mapa mundi; se enriquecerá de la experiencia de someter el texto a muchas preguntas, reflexiones y respuestas obtenidas, gracias a un vivo diálogo, seguido por todos los niños que conforman el grupo, y, finalmente, dichos razonamientos irán germinando en él, madurando valores, así como las vivencias  obtenidas en las dinámicas desarrolladas luego de la lectura.

Luego de la lectura, se pueden desplegar las siguientes dinámicas: un debate que consistirá en elaborar un número específico de  preguntas. A través de esta actividad se irán afinando y desarrollando de forma gradual, su capacidad crítica, la organización de su memoria, la clasificación de la información recibida a través del cuento y de la vida de los autores que, finalmente, lo llevará a seleccionar algunos interrogantes para su equipo contrario.

El niño puede participar en una obra de teatro y crear su propia vestimenta atendiendo a la cultura y año en que se desenvuelve la acción del cuento; en la redacción de una carta al autor-ra del cuento explicando los motivos por los que le gustó o no la obra leída; en un juego que consiste en seleccionar y organizar las cualidades y sentimientos que mueven a los personajes del cuento que mayor impacto causaron; así, por ejemplo, el miedo, la solidaridad, el amor, el arrojo; otra actividad enriquecedora de su experiencia y capacidad motora es la construcción de un juguete como propone el anónimo popular del Brasil titulado “Yaci y su muñeca”; en la elaboración de un volantín o papagayo como propone el cuento de Ángel García titulado “Historia de un papagayo”; en una receta de cocina; en la realización de un mural; en una investigación sobre la flor, tema principal, como lo recrea José Saramago en “La flor más grande del mundo” y en su exposición; en un juego de ficción, en la elaboración de un baúl de metáforas, el lenguaje de las emociones, entre otras. El docente  o la persona que dirija la actividad deberá escoger la dinámica partiendo de lo que la obra sugiere.

Cuanto más vea, oiga y experimente, cuanto más aprenda y asimile, cuantos más elementos reales disponga en su experiencia el niño, tanto más considerable y productiva será su actividad  imaginaria (Vigotsky). Todas estas dinámicas realizadas de forma sistemática luego de la lectura de cuentos literarios y/o biografías aseguran una rica experiencia, necesaria para robustecer su imaginario y su actividad creadora. Todas ellas apuntan al progresivo desarrollo de los hábitos de lectura y de las inteligencias, se enriquecerá la sensibilidad para realizar acciones crítico-creativas basadas en razonamientos; reforzarán la autonomía, y las destrezas manuales y corporales; incrementarán el vocabulario con lo cual el niño podrá expresar de manera adecuada sentimientos y pensamientos. También se verán reforzados los conocimientos con relación a la geografía, a la historia, a las ciencias sociales y naturales, y a la cultura general.

Vistas las innumerables ventajas pedagógicas de este programa, la educación y los padres y representantes deben hacer hincapié en su implementación dentro del currículo escolar. Aclaro: el programa se debe realizar de forma  sistemática si deseamos apreciar cambios en los pequeños –una o dos veces por semana con una duración de cuarenta minutos–.

Apostar por un niño que lee, a quien se ha enseñado a razonar desde los 5 años en adelante, significa ampliar su experiencia, pues al ser capaz de imaginar lo que no ha visto, al poder concebir basándose en relatos y descripciones ajenas a lo que no experimentó personal y directamente, se sentirá liberado del encierro del estrecho círculo de su propia experiencia. La imaginación le permitirá alejarse de su espacio y de su tiempo (Vigotsky), asimilando experiencias históricas o sociales.        

La imaginación que desarrolla la lectura y sus posteriores dinámicas constituye una condición absolutamente necesaria para casi toda función del cerebro. De aquí la conclusión pedagógica sobre la necesidad de ampliar la experiencia del niño, base suficientemente sólida para su actividad creadora.

 

*Escritora de literatura infantil, Barcelona, España.