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Andrés Cañizález

Antonio Pasquali

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Hace pocos días, en la sede de la Pontificia Universidad Católica del Perú, fui testigo de un sentido y multitudinario homenaje que se le rindió a quien sin duda alguna es el principal pensador venezolano de la comunicación, el maestro Antonio Pasquali. En las instalaciones de esta universidad peruana se realizó el XII congreso de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación y con la asistencia de unos 800 colegas investigadores y académicos de una docena de países de América Latina tuvo lugar el homenaje. Desde mi punto de vista ha sido un merecido reconocimiento a Pasquali, cuyo papel fue determinante en impulsar no sólo la investigación de la comunicación sino el propio surgimiento de entidades, como ALAIC, que reúnen y promueven el pensamiento latinoamericano en el terreno de la comunicación.

Pasquali además ha sido homenajeado por la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación, por la Universidad Católica Andrés Bello y la Asociación Venezolana de Investigadores de la Comunicación, en Caracas, y para diciembre próximo tendrá lugar otro momento de beneplácito cuando se festejen con un seminario los 40 años del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la UCV, el cual fundó el maestro. En su conjunto, con otros reconocimientos como el que le brindó hace un par de meses el Cabildo Metropolitano de Caracas, ayudan a poner el foco en esta figura singular de la academia venezolana y como hemos dicho del pensamiento latinoamericano.

Guiándome por la intervención del colega mexicano Raúl Fuentes, del Iteso de Guadalajara, Pasquali es sin duda un autor que irrumpe en el pensamiento sobre los fenómenos de comunicación y se destaca por varias razones. Debe apuntarse en primer lugar que su libro clásico Comunicación y cultura de masas cumplió recientemente 50 años. Pues hace medio siglo la reflexión académica sobre la comunicación tenía una vertiente marcadamente conductista, el influjo de lo que luego tomó vigor en los 70 con la escuela crítica (influida por los pensadores de Frankfurt) todavía no se hacía sentir. Pasquali entonces irrumpe en la escena con un libro que es aproximación crítica y filosófica, que se pasea y desmenuza el carácter mass mediático de la comunicación contemporánea, con clara influencia del pensamiento europeo pero aterrizando con mucha claridad su objeto de estudio en la realidad latinoamericana y en particular venezolana.

Visto en retrospectiva, y así me quedó en claro al presenciar en Lima el aplauso unánime de investigadores de diversos países y de muy diferentes vertientes de acción en la investigación universitaria, Pasquali contribuyó decididamente a fundar una escuela latinoamericana de los estudios de comunicación. Eso en sí mismo le habría bastado, a lo que debe añadirse que su línea intelectual le llevó hace tres décadas a producir un libro que también ha devenido en clásico por el carácter pedagógico, con su inalterable perspectiva crítica, que condensó en Comprender la comunicación: un texto de indispensable consulta en los primeros semestres de la carrera de comunicación y material ineludible cuando se hace un repaso de la teoría de la comunicación masiva.

Pasquali, sin embargo, como bien lo han recordado el mexicano Raúl Trejo y la venezolana Elizabeth Safar, en un libro que recientemente coordinamos junto a Marcelino Bisbal con el sello editorial de la UCAB, no se quedó en el campo exclusivo de la producción académica, en el terreno intelectual. Ha sido una figura emblemática, y eso también se ha mencionado, en promover políticas específicas para la democratización de la comunicación. Esa vertiente en la vida de Pasquali merece por sí sola otro reconocimiento.