• Caracas (Venezuela)

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En su análisis sobre los alcances y limitaciones del poder en el mundo contemporáneo, Moisés Naím aborda el concepto de “poder blando” establecido por el politólogo norteamericano Joseph Nye en la década de los noventa. Se trata del uso de la persuasión para conseguir algo de los demás sin necesidad de recurrir a la fuerza bruta o al dinero. Prestigio, popularidad y credibilidad son algunos de los efectos deseados cuando los países, las organizaciones o sus líderes apuestan por las estrategias de seducción de los medios de masas para logar un posicionamiento regional o global. La industria del espectáculo es la principal fuente de insumos a la hora de generar tendencias y mitificar la realidad. Naím aclara que no solo los productores de los países desarrollados participan en el festín de la ilusión, también ocurre en las naciones emergentes y aun en aquellas donde las dificultades económicas y sociales son considerables.

Frente a la crueldad de la guerra y la extorsión, los artilugios del poder blando parecen una alternativa razonable. Pero ¿son realmente una apuesta justa? ¿La persuasión es una opción digna en la construcción de las relaciones humanas? Es indispensable no olvidar que estamos hablando sobre el poder y por lo tanto el objetivo siempre es el dominio del otro. Entonces, no es un propósito necesariamente noble aunque ofrezca un mundo equilibrado. No podemos prescindir de él, pero existen opciones para mitigar sus efectos.  

Debemos procurar ir más allá del escenario, de la fantasía tejida por el poder blando, traspasar las bambalinas y meter nuestras narices donde termina la ilusión. Los discursos seductores suelen guardar un cadáver en el clóset. Dependiendo de las características del régimen pueden ser algunos más. Los espectáculos persuasivos también son silencios escandalosos. Evitar las armas y la extorsión económica al lidiar con una sociedad no es suficiente. Los seres humanos también deben elaborar filtros contra las “estrategias de la ilusión”. El arte como activismo es uno de ellos.

El museo Correr y la Written Art Foundation de Frankfurt, en el espacio de la 56ª Bienal de Venecia 2015, están presentado la muestra War Paintings –Pinturas de guerra– de la artista norteamericana Jenny Holzer. Consecuente con su trayectoria ha vuelto a hacer de la crítica político-social una propuesta estética. En esta oportunidad abordó una selección de documentos sobre la guerra global al terrorismo desclasificados por el gobierno de Estados Unidos de América. Mapas, autopsias, interrogatorios, informes y manuscritos de los detenidos son la base de una serie de pinturas donde quedan en evidencia los horrores del “poder duro”. Holzer no es líder político, es una creadora. Como afirmó en una entrevista al diario inglés The Guardian, no ha pretendido expresar su opinión personal. Las pinturas no buscan fijar posición, su tarea ha sido sacar los cadáveres del clóset. Si bien los documentos fueron desclasificados por los organismos oficiales –tal como ocurre en las democracias–, el trabajo de Holzer consistió en apartar la escenografía y acercar a la vista de la opinión pública lo que el poder blando intenta tapar. Fue un juego de antipoder blando, una acción profunda y humana sobre el inevitable y rutinario trámite oficial. Por eso, a diferencia de otras propuestas donde acude a la tecnología, esta vez seleccionó la pintura como el formato adecuado: “Quería mostrar tiempo y esfuerzo. Un indicador de sinceridad y atención. Quería que fuese humano”.

Naím en El fin del poder hace un llamado a recuperar la confianza en la política y en las instituciones. También deja claro que esto no puede ocurrir sin las transformaciones necesarias. Los políticos tienen grandes retos delante de sí. Pero los juegos del poder no son suficientes para autorregular y transformar a una sociedad. Ciudadanos activos y despiertos son indispensables, esto no puede lograrse solo incluyéndolos en las estrategias del poder blando. Despertar a las tentaciones de la ilusión pide esfuerzo y una cultura crítica. Es necesario entender, como ha dicho la escritora Luisa Etxenike, que “la cultura no es una actividad del tiempo libre; es lo que nos hace libres todo el tiempo”. El arte tiene respuestas; Jenny Holzer es una de ellas.

hvaldivieso@gmail.com