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Rodolfo Izaguirre

Antígona

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Tengo la edad perfecta para releer los clásicos que los profesores de literatura, obligados por un pensum absurdo, se empeñan en hacernos leer cuando apenas estamos avizorando la complejidad de nuestras propias vidas desde los pupitres del liceo. Siempre pensé que el objetivo pedagógico de semejante constancia no es otro que el de hacer que odiemos a la literatura. En todo caso, gracias a Sófocles ¡acabo de encontrarme con Antígona!

Para eterna gloria de la rebeldía de la mujer en el mundo y sin doblegar su temple, ella aparece 442 años antes de que lo hiciera Jesucristo. Su vida no debió ser nada fácil siendo ella, como en efecto fue, la incestuosa hija de Edipo, el Rey de Tebas y de Yocasta, la madre de Edipo. Era hermana de Ismene, de Polímices y de Eteocles. Al morir Edipo, decidieron turnarse cada año en el trono, pero Eteocles traicionó el acuerdo y quiso perpetuarse en él. El hermano, airado, formó un ejército en su contra, pero ambos perecieron en la batalla.

Creonte, el nuevo rey, hermano de Yocasta, y tío de Antígona prohibió. so pena de muerte que se le rindiesen honores funerarios a Polimices y se dejara su cuerpo a la intemperie como pasto de los buitres. Una orden desatinada porque era deshonrar al bueno y glorificar la arbitrariedad, sin importar que contraviniese las leyes más sagradas. Sólo Antígona desobedeció la prohibición y con sus manos enterró al hermano exponiéndose a su propia muerte. Sostenía que las leyes humanas jamás podrán contravenir a las divinas. Creonte, brutal y autoritario; sordo a las súplicas de los tebanos ordenó sepultar viva a Antígona, pero Hemon, hijo de Creonte y de Eurídice y futuro esposo de Antígona se dio muerte junto a ella. Al saber la noticia de su muerte, Eurídice terminó suicida en el Palacio. ¡Una verdadera tragedia griega!

Antígona activa en nosotros la imagen de la mujer enfrentada a la perversión de los nuevos Creontes. La mujer que dice ¡No! a las despóticas asperezas dictatoriales que protegen a los narcotraficantes mientras encarcelan a los opositores solo por expresar sus opiniones y torturan a los estudiantes desarmados que hacen públicos sus reclamos de justicia y sus disidencias contra el régimen militar Antígona se levantó desde su propia dignidad y sola, apoyada únicamente en su conciencia, se enfrentó a la tiranía, a la torpeza ciega y perversa de Creonte; y al hacerlo, su rechazo a la autoridad irresponsable y autocrática cruzó el interminable arco del tiempo y de la vida hasta llegar a nosotros para multiplicarse en nuestras mujeres que con igual firmeza hacen suyo el ¡No! de aquella mujer tebana que prefirió morir antes que aceptar una violación a sus propósitos de vida.

Antígona no ha dejado de estar presente en el país venezolano las veces que Creonte se ha instalado sucesivamente en Villa Zoila; en la rural y calurosa Maracay; en La Casona, en el Círculo Militar o en Miraflores lugares en los que disfruta ejercitando voraces satrapías. Se mantiene despierta y activa; dispuesta a sacudir la inmovilidad de Tebas y a no inmolarse como pretende Sófocles. Asume, por el contrario, el rostro de la mujer venezolana que en todo tiempo ha insurgido desafiante y valerosa contra los oprobios y vejámenes desatados por un poder aberrante. La Historia conoce a estas mujeres y las ha glorificado, pero recientemente una de ellas enfrenta vituperios, descalificaciones y agresiones físicas; le ha sido arrebatada su inmunidad parlamentaria; ha sido acusada de traicionar a la patria, pero ella, sin temor y con mi apoyo y el de muchos como yo, sigue aferrada a sus convicciones libertarias. Es más, he agregado al de María Corina Machado el nombre de Antígona: un nombre, a mi parecer, alto, sonoro y significativo.