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Pedro Conde Regardiz

Antecedentes de la crisis petrolera

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Desde 1974, cuando se sintió en los países avanzados el impacto de la cuadruplicación de los precios del petróleo, decidida por la OPEP en 1973, se comenzaron en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, que reúne a todas las naciones presuntamente desarrolladas, una serie de estudios sobre el consumo de energía que posteriormente desembocaron en un conjunto de medidas para ahorrar energía y para sustituir al petróleo por otras fuentes energéticas conocidas (gas, hidroeléctrica y carbón) y por otras alternativas (nuclear, eólica, solar, etc.).

Hubo muchas reuniones de expertos y ministros, como la célebre reunión en Washington, donde se presentó el llamado Plan Independencia, en febrero de 1974, de los ministros de relaciones exteriores de las naciones más desarrolladas, así como la que efectuaron en Martinica los presidentes Gerald Ford (USA) y Valery Giscard D’Estaing (Francia), en diciembre de 1974, en la cual, según el comunicado, se analizó profundamente el problema energético.

De todos estos encuentros resultaron la creación, en octubre de 1974, en el marco de la OCDE, de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la invitación formulada, por el entonces presidente francés, a los países productores y no productores de petróleo para efectuar la Conferencia para la Cooperación Económica Internacional, posteriormente llamada Diálogo Norte-Sur, al cual asistí como miembro de la delegación venezolana presidida por el Dr. Manuel Pérez Guerrero.

El objetivo de la AIE era y es todavía realizar un programa de cooperación a largo plazo entre los miembros de la OCDE para reducir la dependencia del petróleo, gracias a las economías de energía, el desarrollo de energías reemplazantes, establecer un sistema de información acerca del mercado petrolero internacional, cooperación con los países productores de petróleo y otros países consumidores, en el desarrollo de un comercio internacional estable de la energía y en la utilización racional de los recursos energéticos.

De los estudios técnicos y de las gestiones diplomáticas, surgieron varias metas para el consumo energético en 1980, según que el barril de petróleo llegase a costar 6 dólares, 9 dólares y 15 dólares.

Pero la premisa subyacente de todos esos escenarios era, y es, reducir la participación del petróleo en el consumo de energía y se propuso como meta bajar esa participación de 55%, en 1972, a 47% en 1980, si el barril de petróleo seguía aumentando y llegaba a 10 dólares.

Ahora bien, se habla ya de la transición energética, esto es, de la disminución progresiva del petróleo tradicional como fuente de energía, y el aporte cada vez mayor de recursos alternativos, entre los cuales están el gas y petróleo de esquisto, así como una fuente todavía en desarrollo que algunas potencias mantienen en secreto, que es tal vez la causa del descalabro petrolero actual; se dice que hay inversiones masivas por los fondos mutuales y ministerios de defensa en tal investigación que está a punto de contradecir la philosophie du non.

Lo más importante es que hasta ahora el petróleo siguió aportando una mayor cantidad de barriles diarios. Y más importante aún es que el consumo energético total pasó de 69,2 millones de barriles diarios equivalentes de petróleo a 90 millones aproximadamente, cifra muy superior a la que se había proyectado en 1974.

A sabiendas de esta estrategia de los países avanzados, los miembros de la OPEP, y en particular Venezuela, no trazaron la suya para afrontar aquella que buscaba eliminar su influencia, sobre todo, porque no hubo políticas razonables, más bien equivocadas, para el desarrollo tendentes a disminuir la dependencia del petróleo, imprevisión agravada durante el período chavista, pues destruyeron el aparato productivo, se depende más de importaciones, que ha evidenciado el rotundo fracaso al sufrir las consecuencias del  bajón en los ingresos petroleros.