• Caracas (Venezuela)

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Roberto Enríquez

Anatomía de la guarimba

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Este artículo es un modesto tributo que le rindo a esos venezolanos que se han atrevido a montar una guarimba en las calles de las zonas donde viven como forma de protesta ante tanta angustia y sufrimiento generado por un gobierno oprobioso. Lo curioso es que quien rinde este tributo es alguien que no ha promovido ni promueve esa modalidad de protesta; pero eso no me impide hacerles el reconocimiento y expresarles mi respeto.

La guarimba ha sido la válvula de escape para un pueblo desesperado. No es verdad que la guarimba no ha sido eficaz; este gobierno acostumbrado a aplastar con el abuso inescrupuloso del poder no ha sido capaz de manejar adecuadamente esta miríada de barricadas que miles de compatriotas, en su mayoría jóvenes, han colocado como símbolo de dignidad y resistencia.

La guarimba no tiene padres públicos, nadie se atreve a reivindicar la guarimba como método de lucha; a pesar de ello, el combate popular que han dado esos guarimberos ha sido contundente. La guarimba tiene pocos defensores y muchos detractores en el terreno de lo público; eso es algo propio de una sociedad política acostumbrada a la hipocresía. A pesar de ello; la lucha que han dado los guarimberos ha evidenciado la torpe catadura de un gobierno primitivo, y ha contribuido a sensibilizar a la comunidad internacional sobre la dramática dimensión de la crisis venezolana. Hay quienes no han valorado el llamado de atención de la OEA, la comisión de cancilleres de Unasur, la proclama del Parlamento europeo y varios parlamentos del mundo, así como la declaración de algunos relatores de la ONU; desde mi punto de vista eso ha sido un golpe a la vanidad del gobierno y una victoria política de la protesta popular, en ello, los guarimberos tienen un mérito difícil de mendigar.

La guarimba no es otra cosa que la respuesta popular a la guarimba institucional del gobierno. La verdad es que el primer y gran guarimbero en Venezuela es el Gobierno. Este gobierno piltrafudo ha montado guarimbas económicas y llevado a la ruina a millones de venezolanos; guarimbas sociales que han segado la vida de cientos de miles de compatriotas por medio de la cicuta de la violencia, la inseguridad, la falta de medicinas o la inoperancia de hospitales. Guarimbas políticas que irrespetan a quienes piensan distinto y hegemonizan todos los espacios que deberían pertenecer a una sociedad libre y plural. Así, pues, a este gobierno guarimbero le salió un pueblo guarimbero y respondón.

Otra de las falsedades que espetan desde el gobierno e, ingenuamente, algunos sectores de la oposición, es que la guarimba es una protesta circunscrita a los sectores de clase media o alta. La verdad es que en las guarimbas se han encontrado diversos sectores sociales; ante la amenaza de muerte a la que son sometidos por bandas criminales que operan como esbirros del gobierno, los dirigentes opositores de los sectores populares se han ingeniado la forma de protestar en zonas más seguras. El doloroso número de muertes, desgarradoras todas, sin excepción, delata cómo la gran mayoría de los manifestantes asesinados provienen de los sectores más humildes y populosos del país. Es así como mal se puede decir que a la vanguardia de esta lucha están los sectores medios o altos. La verdad es que a la vanguardia de esta lucha están los estudiantes y los pobres, masacrados inmisericordemente.

Todos los muertos deben doler. Tanto el joven asesinado por un Guardia Nacional, un funcionario del Sebin o un criminal asalariado del gobierno; como el guardia nacional asesinado por un matón o el joven motorizado derribado fatalmente por una guaya colocada con inexcusable maldad criminal, deben rompernos el corazón venezolano, todos sin excepción. No podemos envilecernos tanto como país como para llegar al colmo de justificar unos muertos y condenar otros.

En la criminalidad ensañada contra los manifestantes desde el 12 de febrero no puede haber unas víctimas más importantes que otras; independientemente de su posición política, todos merecen justicia. Pero sí debemos resaltar una diferencia substantiva: una cosa es una víctima fatal de asesinos aislados y otra las víctimas fatales de una sistemática política represiva del Estado; eso constituye crimen de lesa humanidad.

Vaya para los guarimberos mi respeto. De alguien que dejó de creer en la guarimba, porque en algún momento de su vida fue un guarimbero. Le monté guarimbas estudiantiles, lancé piedras y molotov al último gobierno de Carlos Andrés Pérez, y me quedaron experiencias que me niego a repetir. No obstante, sé que en el corazón de la gran mayoría de los guarimberos hay el dolor de un parto de patria, la terrible angustia de sentir que si se nos va Venezuela se nos va la vida. Por ello, desde la diferencia, para ustedes, mi respeto.