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Eduardo Mayobre

Anafroditas

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En el mundo actual, en el cual se reivindican los derechos de los homosexuales y las homosexualas; de los libertinos, los adictos y los exhibicionistas, nadie ha recordado y defendido los derechos de los anafroditas. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua, anafrodita "dícese del que por temperamento o por virtud se abstiene de placeres sensuales". Etimológicamente la palabra está compuesta por el privativo griego "an" y el nombre de la diosa Afrodita, Venus para los romanos.

En una época hedonista, como la actual, en la cual el placer es el máximo valor ético y la sensualidad se utiliza comercialmente como anzuelo para vender desde automóviles hasta detergentes, era de esperar que la templanza y las virtudes de los anafroditas fueran vistas con suspicacia y hasta resultaran odiosas. Porque estropean la orgía de placer y consumismo del mundo moderno, la cual es además el motor del avance económico y la prosperidad de los mercados.

Conscientes de ello, los anafroditas evitan exhibir sus inclinaciones y tienden a esconderlas en el clóset, tal como lo hacían hasta hace poco tiempo los y las homosexuales. No pueden, en consecuencia, organizarse para defenderse y son incapaces de acusar a quienes los denigran. Es difícil imaginar, por ejemplo, que se le enrostre a alguien ser virtúfobo (enemigo de la virtud) o, si nos limitamos al aspecto sexual, ser castófobo (enemigo del casto o de la casta), en contraste con las denuncias de homofobia que hoy en día son tan corrientes. 

La Iglesia Católica inventó en su época las siete virtudes teologales, las cuales pudieran servir como guía para abogar por los derechos de los anafroditas. Pero estas no sólo han caído en desuso sino que han sido totalmente olvidadas. Las virtudes teologales servían para contrarrestar los siete pecados capitales. La castidad, por ejemplo, era la contra de la lujuria. Pero hoy ni a los curas se les exige ser castos. Si se hiciera una encuesta, seguramente la mayoría estaría porque se eliminara el voto que todavía deben realizar para ordenarse. El problema consiste ahora en aceptar la diversidad y pluralidad de las sensualidades ­en que cada individuo tenga la libertad de elegir la que le corresponda­ no en la existencia de esas tentaciones. 

El único campo en que me ha sido posible observar una actitud afirmativa de parte de los anafroditas es en el de los cigarrillos. Fumar es un placer sensual, no cabe duda. Lo dice el tango "Fumando espero": "Fumar es un placer, genial, sensual...". Yo lo practico con fruición. Pero los anafroditas, que por temperamento o por virtud se abstienen, han emprendido una campaña para que nadie pueda hacerlo ­para que se declare el fumar pecado universal­ y han dedicado las energías que no se atreven a utilizar para reivindicar su derecho a la castidad, la austeridad y la templanza a hacernos a los fumadores la vida insoportable. 

Un psiquiatra imparcial diría que se trata de un problema de transferencia. Como no se atreven a reivindicar el valor positivo de su inclinación por la abstención, intentan imponerla en una costumbre que carece de connotaciones valóricas. Fumar es malo por razones médicas, no por razones éticas. Y como los anafroditas prácticamente han perdido la guerra en el terreno ético buscan alguno, aparentemente científico, donde no sean rechazados. 

Pero quienes creemos que el fumar es el más inocuo de los vicios seguiremos resistiendo y rechazaremos a los humofóbicos con la misma convicción, tenacidad, agresividad y persistencia con las que los y las homosexuales se defienden de los homofóbicos. Porque los anafroditas deberían concentrarse en luchar por que se les reconozca su derecho de abstenerse de placeres sensuales, en lugar de enfilarla contra una debilidad éticamente neutra como es el fumar, aunque sea preciso reconocer que, como muchas otras conductas, que no es del caso enumerar, no sea médicamente recomendable. La minusvalía de los anafroditas ante la lujuria imperante no debiera tratar de compensarse con el ataque a un placer sensual menor, como el fumar cigarrillos, el único todavía accesible a los pobres. 

Finalmente, un consejo: ¡No sea anafrodita! Dese el placer sensual de votar el próximo 7 de octubre contra un gobierno que le desagrada y lo ha hecho padecer, recomiéndeselo a los amigos, y combata de esta manera la abstención.