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Juan Carlos González

Amores de este siglo

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El cuarto largometraje del director Spike Jonze es una fábula de ciencia ficción. Pero pocas veces ese género puede, como en este caso, estar casi seguro de que lo que nos muestra va a ocurrir en el futuro. Es fácil acertar cuando el tema son el amor y las relaciones interpersonales en este siglo XXI hipertecnológico, que nos ha convertido a todos en seres altamente conectados, pero, paradójicamente, tremendamente aislados. Lo que hizo Spike Jonze como guionista y director de este singular filme llamado Ella (Her, 2013) es avanzar unos años en el tiempo y mostrarnos –advertirnos, quizá– lo que nos espera cuando todos, ahora sí, vivamos en nuestra propia burbuja digital llena de música, información, imágenes, juegos y mensajes, y se nos esté olvidando lo que es mirar a los ojos a alguien.

Aunque lo que he escrito apunta a la descripción de una oscura distopía, la verdad es que Ella es una historia de amor. Una de las más sinceras y conmovedoras de los últimos años. Spike Jonze nos presenta a Theodore (interpretado por Joaquin Phoenix), un hombre sensible y solitario, en proceso de divorcio, que trabaja –atención a la oportunidad de negocio que esta historia propone– haciendo cartas para los demás. Cartas personales ajenas que incluso parecen escritas a mano por quien contrató el servicio. ¿Que ya nadie escribe cartas? En el futuro cercano estarán de nuevo de moda y serán llenas de sentimiento y pasión. Pero escritas por un tercero que será capaz de falsificar caligrafías y emociones.

Theodore se separó de su esposa porque no pudo adaptarse a los cambios que su crecimiento personal y profesional implicaban. Ahora la añora y se siente imposibilitado para emprender una relación con alguien más. A menos que ese nuevo ser no represente peligro, no haya necesidad de seducirlo y parezca a toda hora dispuesto a complacerlo. Si además tiene la voz de Scarlett Johansson, mejor aún. ¿Suena imposible? No si la inteligencia artificial provee el sucedáneo para una mujer perfecta.

Ya vivimos en el mundo de las relaciones virtuales, pero Ella da un paso más allá, uno al que probablemente llegaremos, pero que no necesariamente va a librarnos de temblores, dudas, celos, rechazos y lágrimas. Seguiremos enamorándonos, así nos equivoquemos. Y eso es a prueba de imitaciones.