• Caracas (Venezuela)

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Álvaro Requena

No hay

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“Se acabó”. “Tiene dos semanas que no viene”. “Hace meses que no lo traen”. “No, eso no lo están produciendo más”. “Lo retiraron del mercado”. “Este, es parecido”. “Ese es el precio, no se cómo hacen allí para venderlo tan barato, será que es del Gobierno…”.

La lista de excusas, justificaciones o explicaciones se agotó. Simplemente, no hay y si hubiere, el precio sería otro. Es más, si es aceite, harina de trigo o de maíz, arroz, café o azúcar y lo encuentras en alguna venta callejera, será a un precio muy superior al de cualquier supermercado.

De pronto sale alguien del Gobierno y dice que no entiende por qué determinado producto no se encuentra y propone que si el fabricante no puede o no quiere producir a ese precio, el Gobierno sí puede y que les entreguen la planta, que ellos lo producirán. Súbitamente, tres o cuatro días después, aparece la noticia del aumento de precio del producto en 47%, casi la mitad más. ¿Entonces, era obvio lo del precio inadecuado o no?

Al final, el desconcierto es total, quienes no conseguían el producto, seguirán sin él hasta que se nivele la producción que se ha venido abajo y que ni la mejor intención, ni el más experto administrador o ingeniero de producción hubiesen sido capaces de recuperarla, sin dólares, sin producción agrícola suficiente, sin materia prima, sin servicios de puertos adecuados o sin la clara y determinada intención de arreglar el problema. Hasta que se rinden, como lo han hecho y espero que sigan haciendo, ante el desesperado “¡ya basta!” del ciudadano común y corriente que siente que su diario vivir no tiene paz ni confort por ninguna parte y tampoco seguridad.

Por eso y por otras razones de igual o mayor peso, el ciudadano que aspire a cambios en la manera obligada de vivir que nos ha impuesto la ineficiencia y descoordinación del Gobierno debe entender que un gobernador, un legislador y un alcalde siguen siendo poderes locales con más capacidad de modificación de nuestro diario vivir que un Presidente digital, casi virtual, a quien se le han escapado de las manos los resultados de sus inconclusos y fantásticos proyectos. No hemos avanzado cuando tenemos que corregir precios cuyos rezagos han perturbado tanto la economía nacional, que la producción del bien implica una pérdida constante y una desmejora insuperable en la modernización del sistema de producción y distribución. Tan sólo pensar en sincerar el precio de la gasolina da escalofríos.

Esa es una razón más para votar en estas elecciones venideras: hacer del “No hay”, un asunto local e infrecuente. Gobiernos estadales y municipales con fuerte apoyo ciudadano serán potentes barreras contra la ineficiencia y el abuso del centralismo político que estamos viviendo.