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Graciela Melgarejo

Aliados del texto

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En el libro El crimen del lago, dedicado a "los lagos y los ríos contaminados de China", el escritor Qiu Xiaolong utiliza toda una página para los agradecimientos. Hacia el final, escribe: "Una vez más, quiero dar las gracias a mi editor, Keith Kahla, por su extraordinaria labor editorial, y a mi correctora de estilo, Margit Longbrake, la cual dio a luz a su hija, Jane Ray Longbrake McKeown, nada más iniciar el trabajo de corrección, que finalizó con esmero en yuezi (el primer mes de maternidad)".

Dos cosas llaman la atención de este agradecimiento. El hecho de que Qiu Xiaolong reconozca que, la mayoría de las veces, el libro que llega a las manos de su lector es el producto de un trabajo en equipo, y, también, que mencione especialmente a su correctora de estilo. El creador de las novelas policiales cuyo protagonista es el inspector Chen Cao es prácticamente bilingüe, porque traduce poesía china al inglés, pero sabe que un segundo idioma siempre encierra misterios para un hablante no nativo.

El valor de la corrección de textos, y por ende de los correctores, vuelve a ser un tema importante en el mundo editorial. La Unión de Correctores ( UniCo, www.uniondecorrectores.org ) es el organismo internacional que los agrupa desde 2005 y para el próximo congreso -el Tercer Congreso Internacional de Corrección de Textos (3Cicte), que se hará en La Casa del Lector, en Madrid, del 24 al 26 de octubre de 2014- ya tiene un lema: "Tus palabras son tu imagen" y varios objetivos; entre otros, "contrastar los diferentes puntos de vista sobre la corrección con colegas de América (a los que nos une una misma lengua) y con colegas de Europa (con los que compartimos una legislación laboral)". Será, además, una grata manera de contribuir a los festejos por los 300 años de vida de la Real Academia Española.

El correo electrónico del lector Martín Barrère, que es traductor público e intérprete de conferencias, fue el que despertó el recuerdo del libro y de la información del UniCo. Escribió Barrère, el 16 de diciembre, en un mail cuyo asunto era "Observación/ correctores" que, a propósito de la versión en línea del diario, quería hacer una observación: "Leo en uno de los titulares: `Robótica, un nuevo área...’ . Ahora, al consultarlo nuevamente, veo que lo corrigieron: `La robótica, la nueva área...’. Mi pregunta es: ¿hay algún corrector antes de que suban las notas a la página? La Nación solía ser referente en el buen uso de la lengua...

Veo que ahora las costumbres se han relajado bastante".

Si las costumbres se han relajado o no es un tema demasiado extenso para tratarlo en esta columna. Pero sí puede contestársele al lector que el equipo de correctores del diario está totalmente abocado al diario en papel, y sería imposible que se desdoblaron para ocuparse también de las notas exclusivas del diario en línea.

Es evidente que el corrector ortográfico no puede hacerlo todo solo -a veces, complica más que lo que ayuda-, de manera que la posibilidad de la corrección de una errata o de un error se torna azarosa.

Claro que siempre hay un lector que, desde los comentarios al pie de la nota, asume el papel de comedido corrector y avisa. Vaya también para él un agradecimiento.