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Alberto Soria

Alfombra roja y Wi Fi

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La modernidad ha puesto de moda lo que antes era sinónimo de palacio, lujo, y ceremonia con elegancia. No, no es el banquete. Es la alfombra. Que tiene que ser roja.

Así, el marketing moderno (insertado en la sociedad visual del espectáculo que además de productos vende felicidad y estilos de vida), está cambiando las formas, y lateralmente el hambre.

 

I

Hoy, nada importante ocurre sin que los protagonistas o invitados caminen y se fotografíen sobre una alfombra roja.

Aparentemente esta última es una exigencia viable en la sociedad urbana.  Aseguran en las encuestadoras que en todo núcleo familiar existe quien conoce a un compadre que a su vez tiene un sobrino cercano a una agencia de festejos donde alquilan alfombras rojas de 10 o 20 metros. Efectos colaterales: un fotógrafo profesional de vanguardia se diferencia de los aficionados por algo más que el equipo. Tiene un asistente que carga un trozo de alfombra roja para desplegar ante anfitriones descuidados.

En el pasado reciente, las diferencias entre los asistentes a fiestas de graduación, matrimonios o un cumpleaños célebre era el agasajo, lo que allí se ofrecía y comía. Ahora no. Hay que imitar a Hollywood en los constantes shows por televisión, donde la figura, el peinado y la alfombra importan más que los manteles, el menú y sus vinos.

 

II

La novedad ahora es que con la alfombra no alcanza. Para alcanzar figuración social y atención que se propague en la web hace falta Wi Fi que funcione.

Tiene que ofrecerse este Wi Fi en la alfombra roja, sus inmediaciones y los sanitarios, sentencian los expertos en el tema. Por el éxito arrollador de los teléfonos inteligentes, en banquetes o recepciones de alto vuelo, el glamour desaparece cuando en los sanitarios el urbanita no consigue conectarse con el mundo exterior.

“¡Ajá! Pero ¿y la comida, y la comida?”, pregunta la tía 1.0, gran cocinera, que en toda familia existe. Hasta hace poco en la historia de las civilizaciones, desde la Antigüedad hasta nuestros días, no existía banquete sin comida y trago. No en vano la Biblia reseña como el primer  milagro el realizado por Jesucristo el convertir agua en vino. 

La dificultad actual reside en el posicionamiento social, no en el hambre. No se puede presumir de tías y doñitas que elaboren banquetes. La cocina que antes necesitaba cocineros, exige ahora chefs, quienes, para laborar, exigen dos cosas. Adivinen.