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Alexis Alzuru

El diputado

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Diosdado Cabello es el dirigente peor valorado del país, según comprueban los estudios de opinión. El dato se ha convertido en un común denominador en las investigaciones publicadas en los últimos meses. Además, aparece reflejado en las encuestas que han realizado compañías que trabajarían para el gobierno; también en las que divulgan empresas que tendrían nexos con la oposición y en aquellas que no se les vincula con los partidos. Lo cierto es que los estudios de opinión pública refieren que los entrevistados independientes, opositores y oficialistas repudian al diputado por igual. En ese rechazo los ciudadanos no están divididos. Al contrario, el juicio que se han formado sobre el presidente de la Asamblea los une. Que la sociedad coincida en ese aspecto no resulta extraño. Tampoco es una casualidad; ni su único punto de encuentro.

Las percepciones de los venezolanos están menos divididas de lo que algunos tratan de hacer ver. Por ejemplo, los estudios también han demostrado que la mayoría desea una sociedad más igualitaria en lo relativo a la distribución de la justicia, derechos y riquezas. Otro asunto en el que existe un amplio consenso es respecto del futuro inmediato. Sobre este particular las investigaciones son concluyentes: La población desea soluciones pacíficas y constitucionales. Es abrumador el rechazo a la violencia. Sin embargo, algunos publicitan más las diferencias que separan al pueblo que sus coincidencias morales. Pero es bueno darse cuenta de que esas apreciaciones en las que convergen opositores, independientes y oficialistas configuran el piso desde el cual los sectores en pugna pueden dialogar. Bien para sustituir al gobierno por vía democrática o para desautorizar a aquellos dirigentes que representan ese lado siniestro de la política que la sociedad quiere conjurar.

La generalizada censura en contra de Diosdado Cabello es un acuerdo moral. Lo cual significa que por consenso los ciudadanos reprueban las creencias, prácticas y modos que tiene este diputado de llevar la vida pública. Cuestionan las formas con las cuales él administra y dirige las instituciones del Estado. Militantes o no del oficialismo sobre todo rechazan el lenguaje y las maneras de relacionarse con las personas que ha desarrollado este teniente devenido en jefe. En pocas palabras: Diosdado Cabello es solo un nombre que sintetiza una visión de la política que muchos chavistas, independientes y opositores desean desterrar. Por cierto, cuando el nombre de ese diputado se sustituye por el de aquellos dirigentes que tienen un perfil ético y conductas similares, el rechazo es el mismo. Los ciudadanos repudian lo que simboliza el nombre Diosdado Cabello; el veredicto no es sobre la persona.

Los venezolanos poseen más coincidencias que diferencias. Sin embargo, en esta sociedad polarizada la vuelta a la convivencia pacífica supone desplazar a algunos decisores para consolidar los arreglos sociales. Pues estos acuerdos éticos han evitado el choque entre sectores que han sido colocados más cerca del odio que de la coexistencia tolerante. Por supuesto, los consensos morales cristalizan en negociaciones sobre las instituciones. Por eso, el convenio sobre el CNE y otras organizaciones del Estado es la clave para concretar cualquier salida democrática a la crisis. De más está decir que la calma que ese acuerdo produzca en el ánimo de quienes se encuentran en pie de guerra dependerá de la imparcialidad de los procedimientos que se utilicen al momento de realizar los cambios en esas instituciones.

 

*Profesor UCV