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Anne-Marie Slaughter

Alemania da un paso adelante

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Desde su entrada en el gobierno, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha repetido una consigna sencilla relativa a otros países: “Con el poder se contrae responsabilidad”. Francia ha demostrado repetidas veces que entiende y acepta dicha responsabilidad: puede que Alemania siga ahora su ejemplo.

Hace varias semanas, el presidente de Alemania, Joachim Gauck, en su discurso inaugural de la 50ª Conferencia Anual sobre Seguridad de Múnich, reflexionó sobre la evolución de la República Federal a lo largo de estos cinco decenios, período en el que surgió “una buena Alemania, la mejor que hemos conocido jamás”. Y, como Alemania se beneficia más que la mayoría de los países del actual orden internacional abierto y basado en valores, tiene, dijo Gauck, una mayor responsabilidad de defenderlo y ampliarlo

El discurso de Gauck reflejó el parecer expuesto en un nuevo e importante informe, titulado Nuevo poder, nueva responsabilidad y publicado por la Stiftung Wissenschaft und Politik y el Fondo Marshall Alemán de Estados Unidos. El informe, producto de varios meses de debate en la comunidad alemana de política exterior y seguridad, considera los valores e intereses actuales de Alemania un compromiso con “la dignidad humana, la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y un orden internacional basado en normas universales”. Como proclamó Gauck, “el objetivo estratégico primordial” de Alemania debe ser la “preservación y adaptación continua” de dicho orden.

Para lograr ese objetivo, Alemania debe pasar a ser una “potencia influyente”, un Estado con la capacidad para resolver problemas y conflictos que afecten a toda la comunidad internacional o a parte de ella. Los tradicionales factores determinantes del poder de los Estados respecto de otros Estados –la geografía, la demografía, la importancia económica y la fuerza militar, junto con la disponibilidad de recursos y competencia tecnológica– siguen siendo importantes, pero con frecuencia son insuficientes para conferir influencia real en la política internacional. Una potencia influyente construye relaciones e invierte en instituciones que le permiten cooperar adecuadamente con otros y crear y movilizar “coaliciones y redes de Estados con una orientación similar”.

Como potencia influyente con un interés enorme en preservar y ampliar la apertura del sistema internacional, Alemania tiene la responsabilidad especial de contribuir a integrar las nuevas potencias mundiales en dicho sistema. Con esto la cosa se pone interesante.

Hace mucho que Alemania ha aspirado a ser miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ha hecho causa común al respecto con Japón, Brasil y la India, pero en Nuevo poder, nueva responsabilidad se señala una vía diferente, al propugnar la reforma del Consejo de Seguridad de modo que se fusionen los puestos francés y británico en uno europeo permanente dentro de un “círculo ligeramente ampliado de miembros permanentes”, sin por ello dejar de garantizar la representación europea entre los no permanentes.

Conforme a ese plan, Alemania desempeñaría un papel en la paz y seguridad mundiales mediante el puesto europeo, además de ser periódicamente miembro rotatorio. Además, Alemania reconoce la necesidad de consolidar la capacidad de voto de Europa y reducir el número de puestos europeos en otras instituciones mundiales, como, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para dejar sitio a potencias en ascenso.

Ese renovado compromiso con una Europa fuerte y unida es el segundo pilar de la política exterior de una Alemania del siglo XXI. En Nuevo poder, nueva responsabilidad se pide la “profundización” de la Unión Europea mediante medidas entre las cuales figuraría la democratización de la adopción de decisiones financieras de la UE con la participación directa de los diputados a los parlamentos nacionales y la substitución de unas mayores limitaciones fiscales europeas impuestas a los presupuestos de los Estados miembros por una unión bancaria europea, un presupuesto de la zona del euro y eurobonos.

En materia de política exterior y de seguridad, en Nuevo poder, nueva responsabilidad se propone fortalecer el papel del Alto Representante de la UE y el del Servicio Europeo de Acción Exterior”. La alta representante actual, Catherine Ashton, sigue demostrando la valía de las instituciones encargadas de la política exterior de la UE, al haber mediado, por ejemplo, para la consecución de una paz notable entre Servia y Kosovo y haber desempañado un papel decisivo en las negociaciones nucleares con Irán.

La tercera sorpresa se refiere al uso de la fuerza. Gauck dijo a los alemanes en términos inequívocos que habían de estar dispuestos a usar la fuerza, al menos como último recurso, y reprochó a aquellos de sus compatriotas “que utilizan la culpabilidad de Alemania por su pasado como escudo de la pereza o de un deseo de desentenderse del mundo”.

Más polémicamente, Gauck proclamó la necesidad de una autorización del Consejo de Seguridad para cualquier uso de la fuerza, pero también aludió a un precedente como el de Kosovo para una posible intervención militar en Siria. Dijo que cuando la comunidad internacional afronta un caso claro para el uso de la fuerza a fin de proteger a una población contra su gobierno, pero el Consejo de Seguridad está dividido, “la relación entre legalidad y legitimidad seguirá siendo delicada”.

Los participantes en las deliberaciones de las que resultó Nuevo poder, nueva responsabilidad se dividieron sobre esa cuestión. Algunos propugnaron como requisito absoluto la autorización del Consejo de Seguridad, mientras que otros reconocieron el imperativo de plantearse la intervención humanitaria sin autorización en “casos excepcionales y muy estrictamente definidos”.

El Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, también habló en la Conferencia de Seguridad de Múnich, pero, al no referirse al discurso de Gauck, desaprovechó la oportunidad de subrayar el éxito de uno de los principios fundamentales de Obama en materia de política exterior: al dar Estados Unidos un paso atrás en su papel de policía mundial y centrarse más en la diplomacia que en la fuerza, otros países deben dar un paso adelante.

Aún más importante es que Kerry y Obama harían bien en reflexionar muy profundamente sobre una enseñanza fundamental que encierra el discurso de Gauck y el informe en que se basa. Los países que quieran conservar poder en un orden mundial en transformación deben aprender a compartirlo, lo que requiere que acepten la configuración de un mundo nuevo.

El gobierno de Obama debe reflexionar muy profundamente sobre la reforma del Consejo de Seguridad. Debe indicar una disposición real a sustituir un orden que refleja el mundo de 1945 por otro que refleje el de 2015, lo que significa apoyar un papel mayor para todas las potencias que entiendan y acepten la responsabilidad real de mantener la paz y la seguridad mundiales.