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Pedro Llorens

Alegría inmunda

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La escasez de medicamentos toma por sorpresa a los propios médicos, acostumbrados a recibir información privilegiada, de pacientes o a través de farmacias y laboratorios, a veces con precisión asombrosa, sobre la existencia o la escasez de los productos que suele manejar de acuerdo con su especialidad: “Locatel de La Castellana lo tiene, y también Farmatodo de La Florida”, son capaces de precisar… Los médicos, los farmacéuticos, las clínicas o los hospitales cambian la medicación de los pacientes y ofrecen alternativas, paños calientes, y cuando dan alguna pista sobre determinada medicina resulta equivocada o atrasada, incluso si proviene de la red de pantallas de las cadenas de farmacias (donde los estantes de productos médicos y sanitarios cada vez ceden más espacio a las chucherías, la mala alimentación y la gordura)… y no hablemos del aplazamiento (a veces indefinido) de las fechas de entrega de los exámenes, incluidos los de sangre (CliniSanitas estuvo la semana pasada sin reactivos)…   

Los supuestos astutos del gobierno (hay más de la cuenta, en su mayoría farsantes), además de mentir, trampear y engañar, suelen venir de la izquierda dogmática, con un pie en el materialismo dialéctico, otro en el histórico (de los cuales saben solo algunos enunciados) y las asentaderas en el templo yoruba (también vale el de Sai Baba, visitado en varias oportunidades por la pareja presidencial).

El presidente es uno los que echa mano de cualquier argumento, si es mentira mejor (es sabido en el país y en el extranjero), y –sin ánimo de ofender– tiende a parecerse al café light, ese que llaman en España “desgraciado” porque se prepara con descafeinado, leche descremada y sacarina… Su carnal Diosdado (por ser hermano, primo, sobrino, tío o por trato) no mira a la izquierda ni a la derecha, aunque pertenece a esta (la extrema) por derecho propio, en su condición de autoritario en exceso (fascista) y no tiene paz con la miseria.          

Escuché a un cubano hablar de “alegría inmunda” al referirse a la que provocan los demagogos “que hablan mielda” para contentar, aplacar, consentir a sectores menos informados y más crédulos de la población, pero los aplausos no los consigue el orador, así sea el presidente sin dar a cambio privilegios (transporte, regalos, viáticos y algún cobro sin contraprestación de servicio por firmar una nómina fantasma).

Con todo, a Maduro le quedan ídolos: Mao dijo: “Mientras más lees más estúpido te vuelves”; Fidel creía que educar a un ignorante (¿Chávez?) es más fácil que reeducar a un intelectual.