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Carlos Paolillo

Alegoría y efemérides

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Los discursos corporales una vez establecidos son inextinguibles. Acompañan a su creador de por vida en procesos de indagación y reelaboración continuos. En Con-textura, la más reciente creación de Luz Urdaneta, se reconoce plenamente la voz de su autora, no obstante constituir un proyecto académico de características especiales que involucró a intérpretes prácticamente debutantes en la escena.

En la obra confluyen distintos lenguajes expresivos, referenciales en la danza contemporánea venezolana, inscritos dentro de corrientes y tendencias mundiales del arte del movimiento. Impulsos orgánicos, gestos introspectivos, diseños frenéticos en el espacio y reconocibles formalismos estéticos se integran en una dinámica que busca exaltar el cuerpo y ahondar en el espíritu.

Conceptualmente, Urdaneta se plantea una abstracción de movimientos sobre una base dramática concreta sin necesidad de apelar a la narración evidente. Indaga en estados de ánimo y situaciones, tanto serenas como límites, crea estados de ánimo, sugiere atmósferas y, al final, logra un sutil alegato sobre la violencia humana, todo a través de expresiones evidentes y generalizadas sobre lo femenino, que constituyen una alegoría a la fuerza de la naturaleza y sus elementos.

Con-textura supone también un resaltante acercamiento entre disciplinas creativas, siempre cercanas pero no siempre consustanciadas, en manos de destacados creadores. Así, al hecho coreográfico se unieron los elementos plásticos inherentes a la iluminación (Rhazil Izaguirre), la escenografía (Rafael Sequera) y al vestuario (Efrén Rojas), que dentro de una limpia  unidad de propósito otorgaron apreciable coherencia a la puesta en escena.

Luz Urdaneta volvió a mostrar sus personales certidumbres sobre la danza y los valores que dentro de ella profesa sin desvíos. Reto importante para el grupo de seis bailarinas noveles que debió sumergirse en ese mundo apacible, pero en verdad convulso y demandante, que recrea la coreógrafa.

 

Celebración sentimental. Un acto escénico con notorios visos de particularidad ocurrió recientemente con motivo de conmemorarse los 70 años de vida de Rodolfo Varela, bailarín integrante de las primeras generaciones de intérpretes venezolanos de danza contemporánea, además de indetenible gestor y promotor de la danza escénica en el estado Sucre.

Mucho de nostalgia y deseo de acompañamiento orientó esta suerte de nuevo encuentro entre disímiles creadores y agrupaciones, seguidores de géneros esencialmente diversos y hasta históricamente enfrentados, en torno a la convocatoria de esta efeméride.

La danza contemporánea estuvo representada por la obra Hombre manzana de Leyson Ponce, perteneciente al proyecto Los siete pecados capitales de la Compañía Nacional de Danza, que reconfigura el ansioso desequilibrio que conduce a los excesos de la gula, junto con la reposición de Contornos, inicial aproximación de Rodolfo Varela a la coreografía, a cargo de bailarinas de Unearte. La Escuela de Ballet Keyla Ermecheo ofreció el paso a dos Aguas primaverales, brillante instante dentro de la tradición del ballet ruso de la era soviética. Finalmente, Yolanda Moreno, quien al lado de Sonia Sanoja y Belén Lobo amadrinaron el homenaje, presentó a Danzas Venezuela, plataforma que sistematizó y ha proyectado ampliamente la danza nacionalista venezolana, que cuenta con más de 60 años de historia. Alternó con ella su discípula Xiomara Vasconcellos, quien seria y afanosamente investiga en nuevas vertientes de este género profundamente establecido en el país. 

Rodolfo Varela habrá quedado gratificado consigo mismo y con quienes fraternalmente lo acompañaron.