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Marianella Salazar

La carta bajo la manga

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Por más que los hermanos Castro hayan ordenado aplicar la represión contra la dirigencia opositora y a quienes los repudien en la Fuerza Armada, el gobierno espurio de Maduro no podrá aplastar a la oposición, que tomará cada vez más fuerzas mientras Capriles mantenga la línea dura, su capacidad de respuesta inmediata y continúe denunciando en todas las instancias posibles el fraude electoral, que cada día es más evidente con la negativa del CNE de suministrar los cuadernos de votación, con los cuales cambiaron los resultados a favor del candidato oficialista.

La rápida proclamación y juramentación fue una decisión de los dictadores cubanos, con la finalidad de ganar tiempo y lograr de inmediato la alianza estratégica que Maduro firmó este fin de semana en La Habana, donde les transfirió 2 millardos de dólares. La mayor preocupación de los Castro es que la magnitud de la crisis que se avecina en Venezuela impida la entrega de petróleo y productos derivados que han venido recibiendo subvencionados, para continuar con el negocio redondo de revender en el mercado internacional nuestros recursos naturales. Los Castro quieren acumular todo lo que puedan a expensas de disminuir la entrega de combustible y ayudas a Bolivia y Nicaragua, además de manejar, a través de Cuba, toda la venta y compra de petróleo para financiar gobiernos amigos, y Raúl pueda, así, heredar el liderazgo que obtuvo Chávez en América Latina con los petrodólares venezolanos.

A través de los cubanos es que Venezuela financió los gobiernos de izquierda; resolvió, por ejemplo, el problema de electricidad a Nicaragua, y Ecuador pudo fabricar el satélite que acaba de poner en órbita. Fidel y Raúl vienen controlando la economía venezolana, convencieron al difunto para que repatriara el oro que estaba en los bancos extranjeros y se llevara una parte a Cuba, además de grandes reservas en dólares.

Con un Chávez desahuciado y aislado en Cuba, bajo el influjo de los Castro y con un sustituto manipulable como Maduro –entrenado en La Habana desde los años ochenta–, Raúl ha podido manejar las riquezas de nuestro país y disponerlas a su antojo. Pero no contaban con la astucia del “comandante eterno”, que se guardó una carta bajo la manga, en caso de que Maduro no diera la talla, no pudiera mantenerse en el gobierno por falta de apoyo militar y surgiera otro escenario que condujese a la realización de nuevas elecciones.

 

La sucesora

Chávez siempre priorizó a los miembros de su familia y les otorgó su cuota dinástica en el poder: a su padre, Hugo de los Reyes, lo mantuvo frente a la gobernación de su estado natal mientras su salud lo permitiera; su hermano mayor, Adán, uno de los fundadores del PSUV y actual gobernador de Barinas, no pudo convertirse en heredero –según fuentes de inteligencia– por un antecedente de cáncer en la próstata, que se trató en Cuba.

Chávez consideró que Maduro podía perder las elecciones del 14 de abril, no confiaba en su liderazgo, así que, para sorpresa de los propios cubanos, habría dado recursos e instrucciones a su amiga, la presidente argentina, Cristina Fernández de Kirchner, para que preparara políticamente a su hija María Gabriela, que sí puede presentarse como la auténtica “hija de Chávez” y apelar a lo emocional en una nueva campaña electoral a corto, mediano o a largo plazo. Para buscar apoyo en la Fuerza Armada para la candidatura de su hija, Chávez habría comisionado a los hermanos Alcalá Cordones, a quienes los cubanos –junto con Cristina– ya están calificando de“traidores”. No debe extrañar si Maduro los saca del juego en la purga contemplada en la Fuerza Armada que acaba de ordenar Raúl.