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Diómedes Cordero

Aires de tempestad

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Gerald Martin en "Presentación", de Aires de tem- pestad. Narrativas conta- minadas de Latinoamérica (Caracas: Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos 2012), del poeta, ensayista, crítico e investigador literario, musical y cinematográfico Alejandro Bruzual, considera que El tungsteno (1931), de César Vallejo; Parque Industrial (1933), de Patrìcia Galvão; y Cubagua (1931), de Enrique Bernardo Núñez, "son el pequeño gimnasio, plenamente representativo, erigido por Alejandro Bruzual para llevar a cabo una serie de ejercicios críticos perfectamente disciplinados que son también una especie de experimento teórico: un experimento que nos demuestra cómo la cultura latinoamericana, hecha de contaminaciones y rupturas sucesivas y permanentes, anticipó, en los años veinte y treinta del siglo pasado, la estructura y la trayectoria de las culturas globales del futuro".

Bruzual señala "el espíritu anticanónico de las narrativas contaminadas (...) obras que formarían parte, como subgrupo implosivo, de un conglomerado mayor que ha sido calificado de diversos modos": atípicos (Jitrik), outsiders (Rama), anómalo (Verani, en relación a Roberto Arlt), irregulares (Italo Calvino, en relación a Felisberto Hernández), para seguir, con matices particulares, la huella teórica y crítica del término "contaminación" en Osorio, Achugar y Schulman, con el propósito de demostrar que "la crisis propiamente literaria que estas narrativas contaminadas ponen en evidencia ­como vanguardias que no son vanguardias, realismo que no es realismo, novelas que no son novelas, etc. ­ desde la misma literatura como crítica a la literatura y las vanguardias, no implica una incapacidad de narrativización de la nación, sino que habla de una tensión en su formulación, de abstracción de fuerzas sociales que expresan la aspiración de sectores del colectivo de proyectar una imaginación distinta a la que se imponía en el nuevo acuerdo neocolonial. Así, por pocos momentos, narración y nación constituirían campos de batalla y bandos al mismo tiempo".

Diseñado el método (teórico y crítico), Bruzual describe los modos de lectura (criterios y juicios) de los lugares de su gimnasio, según la metáfora deportiva de Martin: en cada capítulo utiliza "el mismo marco formal": introducciones descriptivas del "panorama de las vanguardias y sus relaciones con las fuerzas sociales en los respectivos países, hasta principios de los años treinta"; trabajo de y en el texto de "las novelas mismas, destacando aspectos que contribuyen por caminos distintos a radicalizar sus contaminaciones y especificidades como contribución también literaria"; y revisión de "las tramas y de la estructuración formal de cada novela" comparándolas "con otras narrativas".

En El tungsteno, Bruzual resalta la impronta de los libros de viajes de Vallejo, para marcar el referente ideológico de "la sociedad soviética revolucionada" y la discusión del papel de las artes vanguardistas en los inicios de la Revolución de Octubre; en Parque industrial la importancia de la autobiografía de la autora para "abrir un marco de discusión hacia la literatura femenina de su momento, con sus coincidencias y oposiciones"; y en Cubagua la estrategia de "una lectura paralela con algunos otros escritos del autor y otras obras narrativas venezolanas de su momento, como Doña Bárbara y Las lanzas colo- radas, para entender como Núñez utiliza la historia para analizar el establecimiento y las consecuencias de las relaciones neocoloniales".

Alejandro Bruzual muestra que el concepto de "contaminación" permite "afirmar otro sentido de la creación como acto renovable, extremo, capaz de imaginar soberanías posibles y formas de interpelación social que ­intuimos­ siguen vigentes en nuestro presente".

Aires de tempestad: lectura política, crítica cultural, discutible, polémica, pero de alta factura, exhaustividad y rigor analítico y teórico y de sobria, transparente y, por momentos, elegante escritura.