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Diómedes Cordero

Ahora es cuando

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En “Para entendernos mejor”, prefacio de Ahora es cuando. Memorias I. 1945-1960, Américo Martín, político y abogado, escritor, ensayista y crítico literario, expone las intenciones, las condiciones, la poética y el alcance de “escribir estas Memorias”, publicadas, simultáneamente, por  la Editorial Libros Marcados, con La terrible década de los 60. Memorias II. 1960-1970. (Caracas, 2013), como parte de “una obra (que) se irá manifestando en sucesivos tomos”, y que como “una narración. Un río que va engrosando su caudal con el tiempo y las afluentes”, no podrá ser leída cada parte “como un volumen único”, sino  a “la manera de eslabonar relatos por más de una y mil noches, exhibida por Sherezade, para el cruel pero cándido rey Schariat”, por lo que, “con los editores hemos pensado tentativamente en cuatro (tomos), pero sospecho que podrían ser más”.

Martín parece materializar el pasado como un artista que fuese un historiador benjaminiano, en el sentido que le atribuye Miguel Ángel Hernández a la reflexión e investigación que sobre la historia y la memoria, “como si fueran virtuales historiadores”, han comenzado a hacer “un gran número de artistas”. Como Martín señala: “Me voy de unas cuantas cosas muy importantes para mí: la militancia política o incluso social que siempre me apasionaron, los cargos públicos por elección, la fanfarria de las campañas alrededor de mi nombre. Pero permanezco y ahora con más razón en los predios de la escritura y la reflexión. Sigo atado por supuesto a las varias cosas fundamentales que durante tantos años me retuvieron en la acción política y humana. Estaré siempre contra la dictadura, el totalitarismo y el militarismo; me seguirán pareciendo despreciables el culto a la persona y las cortes de aduladores (cursivas nuestras)”, en su ejercicio del recuerdo, desde el ahora, el tiempo actual o presente, abandonaría las convenciones del poder monumentalizado y las memorias oficiales del pasado, para separarlas, con intensidad y pasión, de la memoria vivida, la experiencia personal y corporal, incluido el dolor y la tortura, como una forma de desplazar el pasado hacia el presente, incluso cuando la memoria privada, íntima, se solapa, vincula, funde con la memoria generacional, política o colectiva.

La memoria entendida como creación de la realidad  y esta como facticidad y posibilidad: un lugar de contacto entre pasado y presente, algo vivo, no cristalizado, que toma forma y se constituye en emergencias y eventos de recuperación de la potencia liberadora enterrada en los hechos del pasado, como otra forma de Historia más afectada y afectiva. Martín cree que “al revivir con probidad el pasado –si no se lo tergiversa a conciencia– podemos perfilar un paisaje más vivo y rico que la realidad porque sus perfiles están robustecidos por el recuerdo, la añoranza, la experiencia, el afecto y  la sabiduría. Las Memorias son, en este sentido, no una recreación sino una creación. Una vida nueva, no un pálido recuerdo”.

La genealogía familiar, la vida estudiantil, el beisbol, la radio, el baile y la música popular, el folclore, la militancia política y partidista en Acción Democrática, la lucha contra la dictadura perezjimenista, el dolor y la tortura en el infierno de la Seguridad Nacional, son los episodios, actos y eventos que configuran el relato de Martín en Ahora es cuando, el inicio de sus Memorias, mediante una poética del realismo que al mismo tiempo que narra la experiencia comenta en el acto de la escritura la relación viva, afectiva, efectiva del pasado con el presente: lo que podría denominarse la subjetividad objetivada del testigo, no como víctima vencida (“Aparte de satisfacciones íntimas por la conducta que asumí, me resulta doloroso recrear esos episodios, y repugnante mirar altivamente a quien no haya podido resistir la tortura, algo tan difícil, esa mezcla de horror, impotencia y soledad”) sino como sujeto activo y vivo de la realidad política, social y cultural de su  tiempo individual e histórico.

Para Américo Martín la realidad no sería un hecho inmodificable, se transforma, en tanto que el pasado se encuentra vivo. Si el pasado, la posteridad, lo construyen sólo los discursos y las narrativas oficiales, la memoria puede ser el dispositivo para recuperar un tiempo histórico abierto, la relación afectiva de los sujetos con el pasado, el rescate del olvido, una visión democrática: plural, no autoritaria, civil, no militarista. “Estas son unas Memorias. Puedo estar equivocado en muchos de mis juicios pero estoy obligado a ser auténtico, a no ‘acomodar’ mis recuerdos. Reconozco por supuesto que la gente puede cambiar. Yo mismo lo he hecho en una forma sustancial, considerable”.