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Gustavo Briceño

Ahora la convención interamericana

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La Convención Interamericana de los Derechos Humanos es un pacto internacional destinado a conformar instituciones que tiene por finalidad defender los derechos humanos en los países de América latina (San José de Costa Rica 7 de noviembre de 1969). En tal sentido, la Convención crea un listado de derechos humanos –in extenso- que deben ser respetados y promovidos por los estados firmantes del acuerdo internacional y por otra parte, la Convención crea dos órganos esenciales que son con sus atribuciones y facultades:la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y la Corte Interamericana de los Derechos humanos. Esta Convención internacional firmada y ratificada por Venezuela, es de obligatorio cumplimiento y sus normas han de seguirse, no solo por disposición expresa del mismo articulado de la Convención, sino por una disposición concreta y obligatoria del artículo 23 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Traigo a colación este comentario, por cuanto el presidente Chávez en septiembre del año 2013, ordenó el retiro de Venezuela de dicha Convención, solo y únicamente por razones políticas. No es el momento de calificar las razones políticas que tuvo la administración chavista para salirse del tratado internacional, lo grave de ello fue que, la salida de nuestro país de la Convención Interamericana de los Derechos Humanos fue la de excluir la posibilidad de que los venezolanos, ya no teníamos ni tenemos la oportunidad de acudir a la Comisión Interamericana, ni mucho menos a la Corte interamericana en cada oportunidad en que nuestros derechos humanos sean de una forma u otra violados por el Estado. La salida de Venezuela de la Convención Interamericana como acto unilateral y absurdo de Chávez violó muchos principios, entre ellos, el principio de la universalidad de los derechos humanos, su progresión  y su intangibilidad, lo cual presupone una alterada violación a los principios universales que rigen la materia especial de los derechos humanos en el mundo, y las consecuencias desafortunadas que ello trae consigo después de haberlo realizado. Es insólito, que somos el único país de América Latina que se excluye de una Convención internacional de Derechos esenciales como la convención interamericana y solo por razones estrictamente políticas.

Ahora, leyendo la Constitución venezolana en su artículo 31 dice que toda persona tiene derecho a dirigir peticiones o quejas ante los organismos internacionales creados, con la finalidad de solicitar el amparo a sus derechos humanos cuando le sea violados por los diferentes órganos del Estado, y más adelante dice la norma constitucional que, y cito textual: “el Estado adoptará, conforme a procedimientos establecidos en esta Constitución y la ley, las medidas que sean necesarias para dar cumplimiento a las decisiones de los órganos internacionales previstos en este artículo”, significo entonces que la norma constitucional es muy clara cuando dice que le corresponde al Estado y no específicamente al poder ejecutivo, -pienso salvo mejor criterio- que el poder legislativo puede si se propone a ello, realizar un acto formal de gobierno o un acto de contenido político y recobrar de nuevo nuestra participación como República soberana en la Convención Americana de los Derechos humanos. Es decir, derogar el acto presidencial de exclusión y de nuevo darle vida a la posibilidad de que los venezolanos podamos asistir en reales y verdaderas peticiones ante la Comisión y la Corte y poder desde luego, salvaguardar nuestros derechos. Sabemos de la importancia que es entrarle prontamente a las leyes sociales a un país que se encuentra en la ruina y debacle económica, pero hay que inmiscuirse también, y ya de manera formal en que los problemas sociales se encuentran muy vinculados a los derechos humanos y que derechos, como el derecho de petición internacional es primordial y de urgente necesidad revivir en los ciudadanos venezolanos, más si la nueva Asamblea Nacional está constituida por ciudadanos demócratas que actúan y trabajan por la democracia y por la libertad. Así lo creo.