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Adolfo P. Salgueiro

Águila no caza moscas

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El escenario interno parece que está “a toque”. Las tensiones que se viven a diario lucen como que no aguantan mucho más antes de estallar. De hecho, ya están reventando en forma parcial aunque extendida a toda la geografía nacional. Lo que sigue –ojalá no– es la detonación simultánea que desataría una represión seguramente sangrienta sin que por ello vayan a aparecer los alimentos que son la causa de la crisis.

Un compadre nuestro, director de un  prestigioso centro de estudios políticos, ha desarrollado y perfeccionado una tesis en la que se demuestra que los gobiernos autoritarios siempre monitorean la situación para auscultar la relación costo/beneficio entre la represión y su alternativa la negociación. Pareciera ser que los que hoy conducen el proceso (no se puede decir que “mandan”) están llegando al convencimiento de que ambos elementos de la ecuación casi llegan a valores equivalentes y por tal razón, según las variables que vayan predominando en las corrientes internas del oficialismo, pareciera que ya muchos ven la necesidad de tomar partido por alguna de esas  alternativas: reprimir o negociar. Este columnista lamenta mucho tener que opinar que la alternativa negociadora que pudiera surgir del gobierno no es de buena fe sino –como otras veces antes– apenas una maniobra para acumular oxígeno. Los acontecimientos  de estos días bastan y sobran para confirmarlo.

En lo internacional la situación para el gobierno es la más desfavorable que ha debido enfrentar desde que el “proceso revolucionario” comenzó en 1999. No pegan una. Los otrora aliados abandonan la nave por distintas razones, los todavía aliados manifiestan su apoyo con niveles de entusiasmo cada vez más reducidos o menos convincentes y Miraflores está envuelto en un nivel de disputas internas que solo pueden causar –y en efecto causan– división y parálisis del Estado con las consecuencias que todos tenemos a la vista.

En todo caso es evidente que el escenario internacional está tan extremadamente fluido que día a día u hora a hora se producen sorpresas. Esta misma semana, por ejemplo, el ataque frontal en la Asamblea General por parte del secretario de Estado Kerry al gobierno de Caracas y a las pocas horas la “agridulce” reunión de 40 minutos entre la canciller Delcy Rodríguez y el mismísimo jefe de la diplomacia norteamericana. A ello agréguese la reunión de urgencia del Consejo Permanente –hábilmente solicitada por Venezuela el día 15 y fijada para el 21 (dos días antes de la establecida el 23 para oír el informe de Almagro). El objetivo “formal” de esa reunión será escuchar a los mediadores propuestos por Unasur (Zapatero, Fernández y Torrijos) pero lo que seguramente se propone el castromadurismo es sabotear, posponer, suspender o diluir la discusión del informe del secretario general con la posible activación del mecanismo de la Carta Democrática.

Y como si todo lo anterior fuera poco, el mismo día 15, aprovechando la presencia de los cancilleres en Santo Domingo, quince de ellos emitieron y firmaron un comunicado –nada que ver con la agenda oficial– expresando apoyo al diálogo y a los mediadores lo cual no sería ninguna novedad. La novedad es que esos cancilleres hacen expresa mención a su deseo de que se apliquen los mecanismos constitucionales venezolanos en forma justa y oportuna (más claro imposible) y al mismo tiempo condenan la violencia cualquiera sea el lado de donde venga y piden a las autoridades responsables garantizar el debido proceso y los derechos humanos. Al pie de esta nota se incluye la lista de los países representados la cual –por sí sola– revela en forma incontrovertible el peso específico del pedimento.*

Este columnista no tiene la capacidad de hacer predicciones como Nostradamus ni conoce los secretos de la quiromancia u otras técnicas y artes que permiten ver el futuro pero, tan solo con haber visto y analizado los vaivenes de la política exterior venezolana en su relación con el “imperio” norteamericano, se atreve a afirmar que todo terminará igual como en los ensayos anteriores. Maduro guabinea entre ataques verbales a Estados Unidos preñados de groserías y sinsentidos mientras al minuto siguiente ofrece restablecer la designación de embajadores, el reinicio del diálogo etc. Estados Unidos enviará al muy habilidoso embajador Thomas Shannon como emisario calificado para iniciar unas conversaciones que no terminarán en nada y al día siguiente el cuadro volverá a ser tan virulento o más que como era antes. Mal que nos pese y por mucho que nos duela el tema, Venezuela no tiene ninguna –repito, ninguna– relevancia en la agenda política nacional ni internacional de Estados Unidos, inmerso en plena campaña presidencial y ya autosuficiente en materia energética. Si Obama fuera tan bocón como lo era el Galáctico seguramente ya habría sentenciado que “águila no caza moscas”. Feo de decirlo, feo de escribirlo, feo de escucharlo pero desgraciadamente cierto. Ni Trump, más bocón y desaforado que el recién fallecido Muhammad Alí, se ha dignado a arrojar algún improperio de alto ni de bajo calibre al esposo de doña Cilia.

 

*Argentina, Belice, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.