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Adolfo P. Salgueiro

Águila no caza moscas

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El escenario interno parece que está “a toque”. Las tensiones que se viven a diario lucen como que no aguantan mucho más antes de estallar. De hecho ya están reventando en forma parcial aunque extendida a toda la geografía nacional. Lo que sigue –ojalá no- es la detonación simultánea que desataría una represión seguramente sangrienta sin que por ello vayan a aparecer los alimentos que son la causa de la crisis.

Un compadre nuestro, director de un prestigioso centro de estudios políticos, ha desarrollado y perfeccionado una tesis en la que se demuestra que los gobiernos autoritarios siempre monitorean la situación para auscultar la relación costo/beneficio entre la represión y su alternativa la negociación. Pareciera ser que los que hoy conducen el proceso (no se puede decir que “mandan”) están llegando al convencimiento de que ambos elementos de la ecuación casi llegan a valores equivalentes y por tal razón, según las variables que vayan predominando en las corrientes internas del oficialismo, pareciera que ya muchos ven la necesidad de tomar partido por alguna de esas alternativas: reprimir o negociar. Este columnista lamenta mucho tener que opinar que la alternativa negociadora que pudiera surgir del gobierno no es de buena fe sino –como otras veces antes– apenas una maniobra para acumular oxígeno. Los acontecimientos de estos días bastan y sobran para confirmarlo.

En lo internacional la situación para el gobierno es la más desfavorable que ha debido enfrentar desde que el “proceso revolucionario” comenzó en 1999. No pegan una. Los otrora aliados abandonan la nave por distintas razones, los todavía aliados manifiestan su apoyo con niveles de entusiasmo cada vez más reducidos o menos convincentes y Miraflores está envuelto en un nivel de disputas internas que solo pueden causar –y en efecto causan– división y parálisis del Estado con las consecuencias que todos tenemos a la vista.

En los días por venir se espera que el tema Carta Democrática Interamericana llegue a una confrontación en la que no quede lugar para el guabineo y los jugadores deban contarse a través de una votación en la que cantidad y peso específico de cada uno tendrán que ser tomadas en cuenta. (En estricto derecho internacional cada estado tiene un voto. ¿Ahora, Ud. lector, afirmaría que políticamente hablando el resultado de un voto de Dominica frente a otro de Brasil es un empate?) No hay seguridad aun si el informe (de 132 páginas) del Secretario Almagro será aprobado y si el inicio del proceso recibirá la conformidad del número necesario de Estados de la región. Lo que sí es seguro –y ya está ocurriendo– es que el tema Venezuela se ha instalado en la agenda continental (y extra continental también como ocurre en España) mientras ya pocos o nadie hacen mucho caso a las afirmaciones histéricas de la señora Canciller especializada en la diatriba y la descalificación a los “injerencistas” y no en los caminos de la diplomacia a los que su despacho ministerial está llamado.

En esta misma semana, dentro del marco de la Asamblea General Ordinaria de la OEA celebrada en Santo Domingo, en cuya agenda preparada con meses de anticipación NO estaba el tema Venezuela, el mismo –como es lógico– ocupó el centro de las discusiones arrojando alguna que otra sorpresa como fue la intervención frontal y directa del Secretario de Estado norteamericano Kerry apoyando las reivindicaciones constitucionales disponibles en Venezuela y –horas más tarde– el diálogo “agridulce” entre dicho funcionario y la Canciller venezolana el cual fue prontamente comentado, amplificado y explotado a fondo por el señor que ocupa el despacho presidencial.

Este columnista no tiene la capacidad de hacer predicciones como Nostradamus ni conoce los secretos de la quiromancia u otras técnicas y artes que permiten ver el futuro pero, tan solo con haber visto y analizado los vaivenes de la política exterior venezolana en su relación con el “imperio” norteamericano, se atreve a afirmar que todo terminará igual como en los ensayos anteriores. Maduro guabinea entre ataques verbales a los Estados Unidos preñados de groserías y sin sentidos mientras al minuto siguiente ofrece restablecer la designación de embajadores, el reinicio del diálogo etc. Estados Unidos enviará al muy habilidoso embajador Thomas Shannon como emisario calificado para iniciar unas conversaciones que no terminarán en nada y al día siguiente el cuadro volverá a ser tan virulento o más que como era antes. Mal que nos pese y por mucho que nos duela el tema Venezuela no tiene ninguna –repito, ninguna– relevancia en la agenda política nacional ni internacional de los Estados Unidos, inmersos en plena campaña presidencial y ya autosuficiente en materia energética. Si Obama fuera tan bocón como lo era el Galáctico seguramente ya habría sentenciado que “águila no caza moscas”. Feo de decirlo, feo de escribirlo, feo de escucharlo pero desgraciadamente cierto. Ni Trump, más bocón y desaforado que el recién fallecido Muhammad Alí, se ha dignado a arrojar algún improperio de alto ni de bajo calibre al esposo de Doña Cilia.